domingo, 16 de noviembre de 2025


REVISTA  DIVERSA EL CALLEJÓN CÓRDOBA


 Historia.-

Nos debíamos una charlita, Pepín Fernández y quien escribe. Hace unos años escribía de él para la revista taurina Toreros de Córdoba, y al parecer algo quedó en su tintero, cuando ahora no ha querido que se vuelva a reeditar aquel reportaje, en callejóncórdoba, alegando que deseaba rectificar alguna “cosita” y a su vez añadir otros datos que en su día no me comentó. Pepín Fernández Serrano, para que se sepa, es torero de Córdoba y vive en mi barrio desde hace muchos años, y además de vecino es amigo mío. Yo le seguí siempre…aún recuerdo aquellas tardes de estío cuando veía llegar a su puerta el coche de cuadrillas del torero de la Puebla del Río Paco Ojeda, para recoger a su joven banderillero Pepín Fernández, y desde allí hacer juntos el viaje a la localidad en la que al día siguiente hacían paseíllo.

Las citas entre Pepín y yo las tuvimos que posponer en varias ocasiones por mor de la maldita pandemia que estamos padeciendo, y que nos tiene a todos en un hilo, y como quiera que el dichoso virus no remite sino que se presenta aún con más malignidad y virulencia, le propuse hacer uso de las redes sociales para poder realizar mejor esta especie de entrevista o reportaje.

Pepín Fernández

Una figura de Plata.



Figuras indiscutibles entre los toreros de plata ha habido en todas las épocas. De los antiguos: “Rafaelillo “, Blanquet, Chaves Flores, Vito, González, “Almensilla”, “Tito de San Bernardo”, Paco Honrrubia, “Montuliú” y algún otro. Y, ese algún otro, bien pudiera ser el torero que hoy nos ocupa. José Fernández Serrano, cordobés, nacido en la calle Pastora número 4. Costanillero de pura cepa y bautizado en Santa Marina en cuya pila bautismal recibieron las aguas cristianas, los más grandes toreros nacidos en este barrio. Asomarse a la figura de Pepín Fernández da confianza para superar la mezquina realidad que sufre la fiesta en estos momentos difíciles de pandemia y odio a todo lo taurino. Bohemio y soñador se enfrentó al toro con la capacidad del acierto impreciso que trae un viaje sin provisiones. En cada par de banderillas ponía el corazón justo donde podía perderlo. Una dignidad torera…esencia y decencia.



Pepín, de jovencito, como cualquier chiquillo de su edad, tuvo los normales escarceos dentro de este difícil y complicado mundo, llegando a torear numerosas novilladas sin picadores para una vez pulidos defectos, presentarse con plazas montadas en Córdoba, con éxito notable. El “costanillero” asimiló pronto el aprendizaje con valor, coraje y voluntad, sustantivos a los que habría que añadir su gran corazón y entrega. Las serias dificultades que encuentra en el camino unidas a la falta de recursos económicos, le hacen pensar…y se marcha a Madrid para curtirse en la profesión de banderillero, toreando por las provincias cercanas y pueblos de los alrededores. Adquiere experiencia suficiente hasta el punto, que el torero de Villalpando, Andrés Vázquez lo coloca en su cuadrilla con el que torea varias temporadas seguidas.


foto Ladis

Así, con el conocimiento que da un oficio bien aprendido y tener como aval profesional ser un lidiador poderoso, sobrio y eficaz rehiletero, es pretendido por todas las figuras del escalafón, lo mismo de novilleros que de matadores de toros. En la temporada de 1990 firma con don Antonio Pérez Barquero Herrera, apoderado del entonces novillero Rafael Jiménez González “Chiquilín", un contrato de treinta y seis novilladas repartidas por igual, en plazas de primera, segunda y tercera categorías. Contrato que no se cumple, en su totalidad, al ser sueldos por corrida de toros y viendo que no llegaría a torear ese número de festejos, amistosamente llega a un acuerdo y se marcha con todo el dolor de su corazón pues la verdad es que él veía en “Chiquilín” condiciones para haber sido una figura destacada del toreo.



Nuestro hombre, siguiendo el consejo de su buen amigo Alfonso Ordóñez, piensa que le era mucho más rentable torear con toreros del segundo grupo del escalafón, por aquello de ir suelto y torear más, que con uno del grupo especial y tenerte que ceñir solo a sus compromisos, se coloca con el torero onubense Antonio Borrero “Chamaco".

No obstante como torero de responsabilidad y hombría posteriormente va también en las cuadrillas de José Fuentes, Antonio José Galán, Manuel Benítez “El Cordobés” (en la etapa de su reaparición en el año 1979), Miguel Márquez, Rafael de Paula, Pepe Luís Vázquez (hijo), con el que echa una temporada magnífica ganándose el respeto y el cariño de todos los miembros de esa torerísima casa.

Pepín Fernández, orgulloso, genio y figura en el conocimiento profundo de la lidia, actúa posteriormente al lado de otro torero sevillano, Manuel Ruiz Regalo, “Manili", en un momento muy difícil para el valiente torero de Cantillana, cuajando otra excelente temporada, teniendo que apechugar con bastantes corridas de las llamadas duras.


Antonín de la Rosa, Finito de Córdoba, Pepín Fernández y David Domínguez.

Pepín con su gran amigo Rafael González (Chiquilín) al que también perteneció en su cuadrilla

En tardes libre de fechas, como queda expuesto, acude a torear con otros matadores: “Parrita”, José Luís Galloso, Florencio Casado “El Hencho", Femín Vioque, y un largo etcétera. Significar que, de todas éstas cuadrillas, su presencia en la de Paco Ojeda, marcó el cénit de su carrera. Completamente feliz, y cuando más disfrutaba de su profesión, una lesión en su pie derecho le impide actuar con normalidad, por lo que tiene que pasar por el quirófano para ser intervenido quirúrgicamente. Pasa un tiempo, y al parecer ya recuperado, pasa a formar parte de la cuadrilla del diestro Juan Serrano “Finito de Córdoba", en su último año de novillero.



Pero la fortuna le vuelve a ser esquiva, tiene que ponerse por segunda vez en manos de los cirujanos, para ser intervenido de la misma lesión, perdiendo de torear la corrida de la alternativa del diestro del Arrecife y algunas otras más, incorporándose de nuevo en la misma temporada, sin estar completamente restablecido. En la siguiente de 1992 la inicia a las órdenes del mismo espada, volviendo a recaer otra vez y del mismo problema. Este inesperado contratiempo le desanima y de qué manera. Consulta con los doctores y al no tener seguridad de quedar completamente apto para su profesión, decide no entrar más a quirófano. Y, así es como en un momento “durce" de su vida profesional, se ve obligado a tomar la peor de las decisiones…retirarse de la práctica activa del toreo.

- Dolorosa decisión la tuya.

- ¡Ya lo creo! Nadie sabe lo que sufrí y el trabajo que me costó poder asimilarlo. Pero, ya no podía torear más de la manera en que me encontraba. Pegando “cojetás” por los ruedos… así era imposible poderme desenvolver como yo quería con los toros.

- ¿Tan mal te quedaste como para no continuar?

- Sí, de facultades perdí un sesenta por ciento. Entre las dos operaciones solo me dejaron medio pie. Por eso opté por la retirada con todo el dolor de mi corazón. La decisión de irme de los toros fue dolorosísima y muy complicada para mí y mi familia a la que tenía que atender. Cuando me coloqué con Juan Serrano Pineda, quise terminar mi carrera con él. Sin moverme de mis lares, pero no tuve suerte por la maldita lesión. Mis compañeros en especial el maestro “Finito" me animaron a continuar, pero no se puede estar ante la cara de los toros con unas zapatillas ortopédicas, y porque yo no servía tampoco para taparme. Fui lidiador y así quería continuar hasta el final, pero no pudo ser, me fue imposible.

- En Córdoba hay muy poquitos toreros de plata que posean un historial tan brillante como el tuyo -así lo reconocen una gran mayoría de aficionados- por el contrario otra gente te tacha de polémico y conflictivo. 



¿A que es debido que te cuelguen ese “sambenito”?

- Quizá sea porque yo nunca tuve el menor problema en decir la verdad de lo que sentía en cada momento a los toreros o a los taurinos, dentro o fuera de la plaza, de igual forma que defendía aquello que me había ganado con tanto esfuerzo.

- ¿Arrepentido de algo?

- De nada absolutamente. Cada uno tiene que ser consecuente con sus principios y yo lo he sido. Siempre me tuve por un hombre responsable que se tomó muy en serio su profesión, e incluso con todos los matadores que he estado me aceptaron las críticas cuando se equivocaban, porque sabían que era muy honrado con ellos y que me jugaba siempre la vida con los toros, para que la lidia les resultará lo más fácil posible y les pudieran cortar las orejas.


Paco Ojeda, Martin Recio, Pepin Fernández y Pedrín Sevillano.

- ¿También con Paco Ojeda?

- Paco Ojeda era un hombre con fuerte carácter pero no llegamos a tener que discutir nunca, porque creo que sentía por mí el mismo respeto que yo por él, con el agravante, de que encima le admiraba por lo buen torero que era. Paco llegó a tenerme desde el primer instante mucha confianza… ¡Mira! te voy a contar una anécdota para que veas hasta donde llegaba a confiar en mí. Cuando Ojeda me llamo para torear con él, fue al inicio de su segunda etapa como matador de toros. Las últimas corridas de esa misma temporada las acabo con mucha fuerza, tal fue así que le llovieron las ofertas de apoderamiento. Haciendo uso de la confianza que me tenía, me pidió consejo acerca de quién -a mi parecer- era el mejor para llevar su carrera. Aquella temporada a pesar de cerrarla en triunfo no le dio dinero suficiente como para poder terminar una casa que se estaba construyendo. A Paco Ojeda la recomendé lo llevará José Luís Marca, porque este quería “cogerle” en exclusiva dándole unos dineros en el momento de la firma, y el resto a la finalización del contrato. Paco me lo agradeció, firmó la exclusiva, terminó su casa, y se cumplió lo que le dije: “antes de que finalice el contrato te va a pedir apoderarte”, y así fue.


Pepín le Hace un quite a Paco Ojeda

- ¿Qué pasó para no continuar con él?

- Cosas que nos pasan a algunos toreros cuando alguien intenta pisotear tus derechos. El torero pasó al grupo especial de matadores de toros, y había quien quería que los subalternos cobrásemos honorarios del grupo B a lo que me negué rotundamente. Así que al finalizar aquella temporada cogí el hato y me marché.


El Cordobés y Pepín Fernández una foto cariñosa prueba del cariño que les une<

- ¿Con cuales toreros te sentiste más a gusto?

- Con Manuel Benítez “El Cordobés" llegué a sentirme torero. Fue una de mis grandes satisfacciones cuando me coloqué con él. Recuerdo que ese día fue el más feliz de mi vida y que estará enmarcado para siempre en mi corazón. Para mí “el Benítez” ha sido el torero más importante, con más tirón, con más fuerza y personalidad de todos los ha habido.




Es muy difícil que salga otro que mande en el toreo de la forma que lo hizo él. Creo que Córdoba no se ha dado cuenta todavía de la importancia que este hombre tuvo en el toreo a nivel mundial… Otra gran satisfacción fue ver de cerca el nuevo resurgir de Paco Ojeda, cuando nadie daba un duro por él. Hubo un momento que parecía que podía coger la fuerza del Benítez pero resultó imposible. Ojeda era un hombre de cuarenta corridas. Pasando de ahí se desfondaba.


Pepín Garrido, Triviño, Paquito Ruiz, El Cordobés, Pepín Fernández Goyesca Ronda.
Foto Framar

- ¿Que recuerdo te quedó de “Manili"?

- ¡Buenísimo! También. Con él tuve la suerte de torear aquella célebre tarde de los Miuras en Madrid, qué fue la que lo puso en figura del toreo. Fueron dos temporadas muy duras pero muy bonitas. Tampoco quisiera olvidarme de dos toreros muy importantes para mí: Rafael de Paula y Pepe Luís Vázquez, con los que me sentí además de a gusto muy torero, y con los que viví momentos mágicos.



También fui muy feliz con esos otros toreros más modestos que tienen menos oficio y técnica, por la falta de práctica, y que por desgracia tienen que “apencar" con corridas mucho más duras. Con ellos también disfruté, aunque tuviera -las mayorías de las veces- que pararle los toros de salida, llevarlos al caballo y enseñarles a embestir… si tenían la condición de hacerlo. Éstos hombres eran los que verdaderamente te agradecían y reconocían tu labor. Ahí sí que no existía “conflictividad” con nadie, porque el único conflictivo era el toro.

- ¿Porqué crees tú que ahora los subalternos intervienen tan poco con el capote durante la lidia?

- Eso verdad lo que dices. Hoy la mayoría de las veces no los ves nada más que en la suerte de banderillas. Antes salían un porcentaje bastante elevado de toros que se emplazaban en los medios o en chiqueros, y sin que nadie te dijeran nada tenías que resolver tú la “papeleta” e ir a por ellos y correrlos. Ahora sin embargo esas situaciones se dan menos y en cualquier caso vemos que es el matador quien las realiza la mayoría de las veces.



- ¿También puede que sea producto de su escasa preparación dada la juventud de muchos de ellos?

- Que no te quepa la menor duda. Ahora salen de las escuelas taurinas en las que han cogido la “triquiñuela” banderilleando en el carro y… ¡Hala! a torear corridas de toros. Antes para colocarte con un torero lo primero que te exigían era que tuvieras “oficio”. El sindicato no te daba el carnet profesional si anteriormente no habías hecho el aprendizaje ahora le dan el carnet de banderillero o de picador a cualquiera. También es debido a que el toro de ahora tiene menos raza se mueve bastante menos, aunque sea más grande y tenga más pitones que los de mis tiempos pero, eso sí, con mucha menos fiereza, que es lo que de verdad nos asusta a los toreros.


Foto Ladis

- Tú con que te encontrabas mejor ¿con el capote o con las banderillas?

- No cabe duda que colocar un buen par de banderillas tiene un gran mérito y es muy bonito. Yo he llegado a dominar la suerte perfectamente y por los dos pitones, cosa que no pueden decirte todos. En casi todas las plazas importantes me desmontaré, pero ¡escucha una cosa! con lo que siempre me he encontrado más a gusto ha sido con el capote. Lidiar bien a un toro es mucho más reconocido y agradecido por tu matador, por los profesionales y por los buenos aficionados. Yo puedo presumir de haber sido uno de los mejores capoteros de mi época.

- Dicen que, ¿el mejor capotazo es el no se da?.

- Ese caso podría darse ante un toro…llamémosle bobalicón, suave, sin fuerza…un torito de los que hoy se crían para las figuras. Pero ante el toro que “arrea”, que tiene transmisión y fiereza como el de mi tiempo…a ese que se le pegaba tres puyazos y tres quites, con ese había que emplearse de manera seria y responsable con el capote. Ese toro que de salida se emplazaba en la puerta de toriles, o se te paraba en los medios…había que ir a por él como un perro. Hoy no ves a ningún banderillero parar un toro, porque todos en general de salida se estrellan en los burladeros.

- ¿Como es el capotazo bueno?

- El bueno, bueno y eficaz, es aquel que le echas el capote a la cara y sin que te lo enganche y templándolo mucho, llevarlo hasta el final, si es que toro tiene condición.

- Todos los profesionales del toro han tenido un espejo donde mirarse. 

¿En cual te has mirado tú?

- Yo en el sevillano Antonio Chaves Flores. Solo te diré una cosa y abrevio. Ver a ese torero con la capa, y en banderillas lo cumplidor que era… ¡Lo que hacían antes los buenos toreros!, y ver su colocación siempre perfecta, dar los capotazos necesarios cuando había que darlos, y taparse en su momento… ¡se me caía la baba!. Yo coincidí en bastantes corridas con él, además era muy buena gente. Decía que el día que tuviera que pedirle corridas a alguien, se quitaba del toreo.

- Pepín, ¿Cuantas veces tuviste que coger el olivo?

- Yo intentaba saltar la barrera lo menos posible, pero saltar por saltar para que te vieran lo ágil que estabas no, porque ya de novillero me produje una lesión grave, (fractura de escafoides en ambas muñecas), y yo hacía las cosas como había que hacerlas y si en algún momento me veía apurado, me valía de mis piernas. Otra y mucho más grave fue la que me quitó del toro, porque fue así como me fastidié el pie derecho, toreando con “Finito", en la plaza de Jerez de la Frontera su última novillada, al salir comprometido en un par de banderillas.

- Los buenos profesionales ¿se entienden con la mirada?

- Solo con el rabillo del ojo sabías lo que te pedía el compañero. Yo he tenido excelentes profesionales siempre a mi lado. Responsabilidad y conocimiento de la lidia es lo principal que hay que tener para ayudar al matador a cortar las orejas.

Una última pregunta y acabamos.

- ¿Qué opinión tienes de lo que está pasando con la Fiesta de los toros, en estos momentos.

- El daño que se le está haciendo a la Fiesta es inmenso, irreparable. Sobre todo para aquellas familias que viven del toro y que sabe Dios cuando va a

volver a ganar un sueldo. La cantidad de suspensiones que ha habido este año y las consecuentes pérdidas económicas para estos hombres, y con lo doloroso que es ver la cantidad de animales de sangre brava desfilar camino del matadero…con lo que cuesta criar un toro. ¡Pobres ganaderos!

A ver si acaba ya esta incertidumbre en la que vivimos desde hace más de un año, por culpa de la maldita crisis del coronavirus y las zancadillas de algunos políticos de turno, y vemos como despega de una vez la fiesta de los toros camino de esa ansiada “normalidad”.

Desde luego las CCAA tienen en su mano la posibilidad de permitir los festejos, dependiendo, claro está, de la situación sanitaria. Veremos que pasa, aunque creo que es una auténtica incógnita y más cuando ya estamos metidos en el mes de marzo.

- Alguna cosa más?

- Pues sí. Quiero darte las gracias a tí, en primer lugar, por tu paciencia para conmigo. Porque no es fácil ni para mí, ni para nadie, hacer una entrevista por WhatsApp con lo poco que a mí me agrada expresarme a través de la escritura. Y como no, también agradecer al editor de callejóncórdoba José Luís Cuevas Flores, su extraordinario trabajo en todos los artículos que publica.

- Gracias Pepín.

- A tí siempre amigo Antonio.

Éste es mi amigo José Fernández Serrano, un banderillero de lujo, por su quehacer, por sus formas, por su torería, por su calidad artística en todos los órdenes. El que en su recortada figura escondía un torero poderoso y seguro, siempre bien colocado, exacto y medido; eficaz en la plaza, y haciendo las cosas con la profesionalidad que requiere ser un número uno en lo suyo, y siempre en defensa de los intereses de su matador.

Hoy en el Coso de los Califas y en tarde de toros, ocupa silla en el palco presidencial a la izquierda del presidente… se lo tenía ganado.



Antonio Rodríguez Salido. –

Compositor y letrista. –

Escalera del Éxito 176.-







José Luis Cuevas

Musico Pintor Y fotógrafo

Montaje y Editor

Escalera  del Éxito 254






Matías Prats y Pepín Fernández

Mozo espada de  Andrés Vázquez y hombre confianza de siempre Tito, García Montes Lali, Andrés Vázquez Pepín Fernández y Vallito.

Pepín Fernández, José María Manzanares, José María Montilla y el cuarto  no recuerdo el nombre

José María Montilla y Pepín Fernández,

El Pireo, Paco Asencio, pepino Fernández, El Medias y Zorito.
En Belméz.

Manolo Bejarano, Manolo Rodríguez Moyano y Pepín Fernández

Pepín en el callejón de los Califas

Carmen Sevilla, Y Pepín Fernández.


Paco Ojeda y Pepín Fernández.

Manolillo de Valencia y Pepín Fernández.
Vuelta al ruedo en banderilla en Córdoba festival de las Angustias.

Pepín Fernández, Piedrín Sevilla, Utrerita "sobresaliente". Antonio codesera, Capea, El Brujo,   Salvador Mate, Curro de la Rival. Despedida del Capea en Madrid con 6 de Victorino Martin.

 Pepín Fernández y Paco Ojeda 

Antonio Cobos, Pepín Garrido, Pepín Fernández, y Trivillo
GOYESCA RONDA Manolo Vásquez, El Cordobés, y Manzanares.

Antonio Cobos, Pepín Garrido, Pepín Fernández, y Trivillo
GOLLESCA RONDA Manolo Vásquez, El Cordobés, y Manzanares.

Goyesca en Pozoblanco con Currillo.
Paco Sánchez Saco, m. Saco Córdoba Pepín Fernández y Angelín. 
FOTO R.PEDROCHE

El Gasolina, Alfonso Galán, Pepín Fernández, y el Rubio de Sevilla.
Goyesca en Benalmádena.



Manolo Triana, el Zorro de Toledo, Pepín Fernández, el PIPO !un genio! Y José Fuentes, Orduña.

Lucero Tena Corral de la Morería Madrid.

Feliz García, Pepe Luis días, José Fuentes, y Pepín Fernández.
Granada.



Fosforito, y Pepín Fernández.

Estrellita Castro. y Pepín Fernández












sábado, 15 de noviembre de 2025

 

REVISTA  DIVERSA EL CALLEJÓN CÓRDOBA



NUMERO 34

                       Toreros Gitanos

Dinastía “Los Gallo"

José Gómez Ortega “Joselito el Gallo”



Hermano, nieto, sobrino, primo y cuñado de toreros, José Gómez Ortega, nacido en Gelves (Sevilla), el día 8 de mayo del año 1895, era hijo menor del matador de toros sevillano, Fernando Gómez García y de la bailaora gaditana, Gabriela Ortega Feria. José tiene dos años cuando fallece su padre y la familia comienza a conocer la indigencia y la escasez en todo. Ante la complicada situacion, es la señora Gabriela, la de más carácter y habilidad de toda la familia, quién coge el mando de la casa. Al poco tiempo de la muerte del señor Fernando la madre decide trasladar a la familia a vivir al mismo Sevilla, más concreto, a la Alameda de Hércules. José tiene ya seis años cuando va a ver a su hermano Rafael torear de novillero en Cádiz, y se enamora por completo del toreo.


José Gómez Ortega de niño torero, en un retrato de estudio.

De ahí parte ya su deseo de ser torero como sus hermanos. Abandona los estudios de primaria y acompañado de otros muchachos de su misma edad frecuenta la huerta de La Barqueta, propiedad del padre, del que pasado el tiempo sería matador de toros y cuñado suyo, Ignacio Sánchez Mejías, para jugar al toro y simular suertes con las vacas y becerros de media casta que había en aquella finca. Con diez u once años comienza a ir a los tentaderos. Busca erales, utreros, berrendos, zaínos, corniaireados de extrañeza y de bravura. Conoce al ganadero don Felipe de Pablo Romero con quien después le uniría una gran amistad. Pronto, se corre la voz entre los aficionados de Sevilla que un hijo del señor Fernando “El Gallo", exhibe maneras de gran torero. Desde entonces, José empieza a sentir una gran afición por las faenas taurinas que se realizaban en el campo sevillano. Hace amistad con otros criadores andaluces y dada su seriedad y humildad, don Eduardo Miura le enviaba siempre aviso para que asistiera a cuantas tenía que realizar. De esas reuniones camperas, arranca su afición al caballo y a la garrocha, que había de hacer de “Joselito", uno de los mejores y más hábiles practicantes del acoso y derribo de las reses.

"Joselito" (sentado a la izquierda), con la cuadrilla de "Niños Sevillanos".

Pero volvamos con José a su barrio de la Alameda para señalar que en aquel tiempo con la afición más extendida, el chavalerío solía jugar al toro en la calle, y a “Joselito" le hacían corro la gente, para verle torear a un perrillo que él había enseñado a embestir. Entre aquellos aficionados se encuentra el guardia municipal, José Martínez, al que un determinado día le toca la lotería. El dinero del premio decide emplearlo en formar la cuadrilla de “Niños Sevillanos", con José Lara “Chicorro", José Gárate “Limeño" y José García “Pepete"… chiquillos que, como “Joselito" jugaban al toro en las calles de la Alameda. Pero tal decisión llega a oídos del pequeño José que observa con digusto que con él no habían contado, y pide explicaciones al guardia municipal y éste le argumenta: “Estás loco? si solo tienes doce años…” Pero, tanto insistió el chiquillo en presencia de su madre, que el guardia Martínez, accede a llevarle de sobresaliente. La presentación de los chavales es en Lisboa. A José le dejan torear un becerro y, lo hace con tal hondura y valor que, esa misma tarde, el guardia apalabra 17 festejos seguidos. Cifra que se debía a lo hecho por “Joselito". Todo comienza a ir “miel sobre hojuelas”. El éxito del joven torerillo es tan rotundo que el guardia José Martínez apoderado de la cuadrilla, decide dejar fuera de ésta a “Chicorro” y “Pepete”, para componerla con “Limeño” y “Joselito", como cabeceras de cartel.


Debut de "Gallito" como becerrista en mayo de 1910, en la plaza de Bilbao, junto a su amigo "Pacorro" de la cuadrilla de "Niños Sevillanos".

El niño de doña Gabriela, es un talento, en cada actuación deja ver su intuición y sus dotes de ingenio torero. El guardia ajusta a los niños a tres pesetas por corrida, además de pagarle los gastos de estancia. Los 13 años de edad los cumple “Joselito" en Portugal y, cada vez, aprende más . Y aunque se resigna con el poquillo dinero que recibe, después de torear el tercer festejo decide, autorizado por sus compañeros, hablar con la empresa directamente, al margen del guardia municipal, y consigue torear una novlllada por la cantidad de mil pesetas. Cuando las cobra, entrega cien pesetas al guardia, y el resto hasta quinientas lo reparte en partes iguales con sus compañeros, desde ese momento “Joselito”, es quién manda en la cuadrilla.


"Joselito", en 1917, en un Coso improvisado en el Cusrtel de Ingenieros durante su servicio militar.

José, siguiendo el ejemplo de su hermano Rafael, envía a su casa un giro telegráfico con el siguiente texto: “Mamá te mando quinientas pesetas, para los gastos de la casa“. La señora Gabriela, cuando recibe el dinero, pone el telegrama en un marco.

El año 1911 continúa la cuadrilla cosechando éxitos. Torea treinta becerradas afianzándose el cartel de “Joselito", y de entre todas merece mencionarse la celebrada el 15 de agosto en Cádiz, con ganado de Felipe Salas, en la que hubo de figurar como único matador, entusiasmando sus faenas al público, pero muy especialmente a los numerosos toreros de dinastía gaditana de los Ortega, sus parientes: el Marinero, El Loco, Rebujina, Agualimpia…, que veían en él, con enorme ilusión, la tradición familiar. “Joselito” goza de un buen ganado cartel, que sube de cotización según va sumando festejos por los distintos ruedos. Colmado de realidad torera, José ya es un fruto maduro, tanto es así, que de auxiliar en su cuadrilla entra su pariente Manuel Díaz “Agualimpia" y el día que “Joselito”, torea en la plaza de Cádiz “Agualimpia" le advierte: “José, con la derecha”… el chavalillo, sin esperar lo más mínimo le contesta: “Haga usted el favor de callarse, que yo sé lo que hago". Y comenzó a torear al novillo con la izquierda, en varias series de naturales. Su intuición fue siempre la base de su personalidad, apoyada en su condición física, su entusiasmo, su afición y su querer ser siempre.



Comienza a ser conocido. Su nombre está en boca de todos los aficionados y los ganaderos y empresarios, se frotan las manos al extremo que, un día, don Eduardo Miura le regala una jaca llamada Pandereta y, coincidencias de la vida, montado en ella iba dirección al cortijo Jotablanco, acompañado de sus amigos taurinos para torear unas becerras, cuando se encontraron en el camino, a un aficionado con su hato al hombro que marchaba a pie en la misma dirección e igual motivo. José mandó que le subieran a un caballo para evitarle la caminata y todos juntos llegaron a la ganaderia. Después se supo que aquel “aficionaillo” era Juan Belmonte, su futuro rival en los ruedos.



“Joselito”, intenta medir sus posibilidades y el 24 de octubre, final de temporada del 1911, pide matar un toro a puerta cerrada en el ruedo de la Real Maestranza de Sevilla, un cuatreño de cinco hierbas, de nombre Avellanito del hierro de Moreno Santamaría, con el que se encuentra sobrado, por lo que empieza a pensar ya, en su próxima alternativa. Le repiten en el ruedo madrileño y torea tres novilladas más. La del día 4 de agosto, pertenece al hierro de Miura. Al sexto novillo de éste encierro, lo finiquita de formidable estocada en la suerte de recibir. Él se ve suficiente, y antes de cumplir los 17 años le pide a su hermano Rafael que prepare su alternativa con don Eduardo Miura y don Felipe Pablo Romero.



La temporada del 1912, la comienza el 12 de mayo en Barcelona. Y el 13 de junio hace su presentación en Madrid, con solo nueve novilladas toreadas. La empresa anuncia para ese extraordinario acontecimiento, una corrida de novillos del duque de Tovar. Pero “Joselito", va a verla y no le gusta para presentarse con ella ante el público de Madrid. Él quiere para ese día lidiar toros. La empresa no tiene preparada otra novillada que le pudiera servir, y le ofrece una corrida de Olea, de gran presentación y hechuras, que tiene pastando en los prados de su dehesa jarameña y que, pretendían lidiarla en corrida extraordinaria. Con esta corrida y con sus dieciséis años, triunfa con ella. El primero de la tarde, negro de capa, tiene el nombre de Escopeta y lo lidia a gritos de ¡Lagartijo! ¡Lagartijo!; lo hizo todo tan perfecto, que recordó al primer Califa de Córdoba.


"Joselito" aguardando la embestidas, de rodillas y la muleta en mano, en la Real Maestranza de Sevilla, en la que sería  su última Feria de Abril.

El triunfo de su presentación ante el público madrileño lo repite, en Sevilla, el 23 de junio, con novillos de José Moreno Santamaría. Al día siguiente, vuelve a torear en el albero sevillano y por cogida de “Limeño", tiene que matar cinco novillos de la divisa de Alguera, y lo hace con bastante desahogo y brillantez. Pero, los malos mengues andan sueltos, y le juegan una mala pasada. “Joselito", el día 1 de septiembre de aquel año, torea en Bilbao y al ir a saltar la barrera a la salida de un par de banderillas, le alcanza un novillo de Pérez Tabernero, causándole una herida en una pierna que le impide torear durante 25 días, perdiendo por esa causa, nueve novilladas y obligándole a retrasar el ser matador de toros. Ese año acabó la temporada toreando cuarenta y cinco novilladas. Después de su bautismo de sangre, se anuncia la alternativa del joven José para el 27 de septiembre en Madrid, y la lluvia impide celebrar la corrida, por lo que acuerdan que la tome al día siguiente en la Real Maestranza sevillana con toros de Surga. La alternativa se la da su hermano Rafael y de mudo testigo actúa el sevillano, Antonio Pazos, con toros de José Moreno Santamaría. El toro del doctorado llevaba de nombre Caballero, negro de capa, cornicorto y terciado. José estuvo lucido, y en banderillas los dos hermanos deleitaron al público haciendo auténticas maravillas. El día 30 torea otra vez, toros de don Felipe Salas, mano con su hermano Rafael. “Joselito", de nuevo vuelve a deslumbrar a los aficionados, con un toreo de gran calidad. El día 1 de octubre va de nuevo a Madrid a cumplir el compromiso aplazado por la lluvia y confirma el doctorado, apadrinado por su hermano Rafael, que le cede el segundo toro de la tarde de nombre Ciervo, de pelaje jabonero claro. Es corrida de ocho toros de Veragua y, en ella, también toma la alternativa otro diestro sevillano, Manuel Martín Vázquez “Vázquez II", de quien fue su padrino, el madrileño Vicente Pastor Durán “El Chico de la Blusa”.



“Joselito", había heredado de su padre, la capacidad de voluntad, de pureza y raigambre, para imponerse sabiamente a los toros, aunque aún le faltara la inspiración, creatividad y el embrujo torero, de su hermano Rafael y como no, el gitanísimo pellizco de éste. En la Feria de Abril de Sevilla del año 1913, torean los “Gallos" y los “Bombas”. Y “Joselito” comienza a enseñar la goma que trae para borrar del torreo a los que ya habían dado todo por la fiesta al tiempo que obliga a medirse con él, a los que aspiran a ser algo en el toreo. De todos solo Juan Belmonte mantuvo la competencia. Su intuición, su talento, su capacidad, sus claras ideas para ver con prontitud el comportamiento de los toros, le convirtieron en seguida en un maestro fenomenal.

El día 1 de junio de 1913, “Machaquito", Rafael “El Gallo" y “Joselito", saben a hombros de la Plaza de Madrid, después de vérselas con una corrida de Palhas. El 5 de junio del mismo año repite con su hermano Rafael y Manuel Torres “Bombita", con toros de Saltillo. En esta ocasión corta su primera oreja a un bravísimo toro, llamado Gimenito, igualando a los “Bombitas", “Machaquito", Vicente Pastor (por dos veces), y su hermano Rafael “El Gallo".



Después de los éxitos logrados en distintas ferias. “Joselito" torea en Madrid, el día de la despedida de “Bombita”, el 15 de octubre de 1913, con su hermano Rafael y “Regaterín”, toros de García La Loma. Esa temporada se van del toreo “Bombita” y “Machaquito” y llega Belmonte quien el día 16 de octubre toma la alternativa. La tarde de la retirada del toreo de Ricardo Torres “Bombita" en Madrid, José, muy joven aún, y que había irrumpido en el toreo con fuerza y ambición, le brinda el cuarto toro a “Bombita". Éste con cuarenta y cinco años de edad y treinta cornadas graves que llenaban de cicatrices su cuerpo, le agradece el brindis y le dice: “José yo ya he terminado mi vida torera no me comprometas ofreciéndome banderillas en tu próximo toro”. “Gallito" desatiende la recomendación y, le ofrece banderillear al sexto. Éste inconsecuente comportamiento de “Joselito” dadas las circunstancias, no debe entenderse como el rencor revanchista de los “Gallo" a los “Bomba", que en verdad existía, pero aquello fue un arrebato irrefrenable de amor propio de adolescente.

En Madrid, Valencia, Sevilla, mata corridas en las que figura de único matador. También torea mano a mano con Juan Belmonte y en la mayoría de los festejos sale triunfante, aunque Juan es tan fenómeno, que con una sola faena electrizaba de entusiasmo a los públicos. Ambos, con estilo soberano, lidian toros- toros alimentados con grano y respeto en sus cabezas. Entonces la suerte de picar se realizaba sin la puya tricorta y sin lo actuales petos protectores de los caballos, que vienen a ser como muros de contención donde se estrella y se rompe el poderío de los astados.

Retrato de estudio de José Gómez Órtega, "Joselito".

“Joselito" no permitió que nadie le ganará en la plaza. Venció a todos… ¡menos a Belmonte!. Triunfo por todas las plazas dominando a todos los toros. La afición se divide: Los partidarios de uno y de otro torero polemizan e incluso llegan a las manos. Intelectuales como Valle Inclán, José Ortega y Gasset, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, Julio Romero de Torres, Sebastián Miranda, los hermanos Machado, el pintor Ignacio Zuloaga, Ramón Sánchez de la Serna, Agustín de Foxá… se van con Belmonte. Pero los viejos aficionados, los ganaderos de solera e incluso los viejos toreros son acérrimos partidarios de José por lo que representa de continuidad de la tradición.

Aquellos que oportunamente acertaron a verle torear, no podían olvidar tan irresistible poderío ante los toros. La cita, el lance, el recorte saleroso el ímpetu glorioso del envite en banderillas encontrando el toro en cualquier terreno, el brindis, el gesto, los ha ayudados, los pases con la derecha, con la izquierda cuando era promesa y cuando fue realidad, siempre un portento de saber taurómaco. Hizo a Sevilla rondeña, toreo como le vino en gana lo mismo al toro claro que al de oscuras intenciones, a veces, con la elegancia de su cuerpo mimbreño y gentil, a veces, con dureza, tan fina una como torera la otra. Salvó y burló la testa de malintencionados cornúpetas volviéndolos docilones, cómo amo del toro y del toreo que era.


El maestro, en un retrato  de estudio  del célebre fotógrafo  Alfonso.

Durante la temporada de 1914, “Joselito” sufre dos cogidas, el 5 de julio en Barcelona, y el día de su reaparición en Bilbao, el 19 de agosto; aunque se encuentra más firme que nunca, con rigor, garra y valentía. Los percances se producen al empuñar el estoque y entrar a matar prescindiendo del tranquillo de la mano alta y el brazo suelto, empeñándose en realizar la suerte a ley. Ricardo Torres “Bombita", retirado del toreo y reconciliado con “Gallito", le visita y le dice: “José, que te mejores pronto para bien tuyo y de la Fiesta, y no olvidables que haciendo las cosas en su sitio y de verdad a los toros, éstos cogen”.


Joselito y Belmonte e n el patio de cuadrillas, antes de echar el paseíllo.

No olvida “Joselito" las palabras del maestro “Bombita" y el mismo día en que reaparece en la Feria de Bilbao, y al entrar a matar en la suerte de recibir, el toro le clava el pitón en el pecho que por fortuna no tiene la gravedad que en un principio se le suponía. Torero de raza, torea con hondura implacable dejando la impresión de dominar por entero todos los esquemas de la tauromaquia. Por el contrario de las cornadas, herido de consideración, pierde un buen número de festejos contratados. Luego supera el centenar de corrida en 1915 alcanzando 102. Al siguiente 116, y en 1917 torea 103, logrando momentos de oro. A tanto toreo embrujador, “Joselito" pasa también tardes amargas. En el 1918, en el coso de Valencia, un toro de una de sus ganaderías favoritas, la de don José Moreno Santamaría, de nombre Platero, posiblemente burriciego, le descompone de manera inconcebible hasta escuchar los tres avisos, después de más de 30 pinchazos y hasta que un picador, entre barreras, atraviesa al animal con un estoque.


El toro asesino de la viuda de Ortega en los prados de la finca, antes de ser embarcado.

Aunque el trago más amargo lo pasó José, el 25 de enero de 1919, al perder lo que más adoraba en la vida, su madre, la señora Gabriela. El luto lo lleva “Joselito", hasta en el los vestidos de torear, y la pena en lo más profundo de su corazón. Su madre, había protagonizado un caso anecdótico un día que preside una mesa de postulación a favor de la Cruz Roja de Sevilla, y en el que queda demostrado el mucho cariño que su hijo José, siente por ella. La invitación la hace don Félix Urcola, por entonces, presidente de la Asamblea sevillana. El famoso ganadero, le pide a “Joselito" que su madre Gabriela Ortega, presidiera una mesa petitoria en la Alameda de Hércules. La señora madre de José acepta de buen agrado y consigue que la recaudación de ese día sea espléndida. Meses después, el señor Urcola le dice a “Joselito" que el dinero recaudado, en aquella mesa presidida por la señora Gabriela, no había sido entregado. El diestro pregunta a su madre que destino le había dado al dinero de la Cruz Roja y ella contesta que lo había gastado. Ante aquella situacion, el hijo firma un cheque a favor de ta humanitaria institución por el importe de 25.000 pesetas, que suponía más de lo recaudado. El amor a su madre, bondadosa para toda la gente necesitada que acudían diariamente a su casa, era enorme y lo justificaba todo. Decía “Joselito, que algunas facturas de aquellas, las tuvo que pagar hasta cuatro veces. Fallecida su madre marchó a vivir a casa de su hermana Lola, casada con Ignacio Sánchez Mejías.



Se hablaba de que “Joselito" se sentía solo y le ilusionaba formar un hogar. Al parecer le encandila el amor de la hija del famoso ganadero sevillano don Felipe de Pablo Romero pero no fructifica. Es Emilia “Lulú” la famosa vedette del Teatro Reina Victoria, de Madrid y Consuelo Hidalgo, sus amoríos más conocidos. Pero eso había ocurrido antes. Ahora, en el 1919, cuando había fallecido su madre, era Encarnación López “La Argentinita", bailarina, coreógrafa y canzonetista, la que le bailaba el agua, pero mujer de mala suerte. Dejó a “Joselito" por su cuñado Ignacio Sánchez Mejías y también éste murió en las astas de un toro.

Ídolo de multitudes le concede la alternativa, el 16 de mayo del 1919 en Barcelona, a su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, que ya había figurado de banderillero en su cuadrilla. Su primer y único viaje América lo inicia el 30 de octubre del 1919, embarcando en Gijón con rumbo a Perú, acompañado de las personas de su confianza, el mozo de espada Manuel Ortega “Caracol”, padre del famoso cantaor del mismo apodo, y del banderillero Antonio Parra “Parrita”, pariente por parte de su padre y administrador suyo.



“Joselito” que tenía problemas con el crítico taurino Gregorio Corrochano, llevaba tiempo queriendo limar asperezas con dicho escritor, y es su cuñado Ignacio Sánchez Mejías, amigo del periodista, el que les reúne a comer en el restaurante madrileño “La Estrecha”, y sobre la mesa y mantel se hace la paz entre ambos. José se compromete a torear, el 16 de mayo, en Talavera de la Reina, plaza que inauguró su padre. De manera que su participación en este festejo le liberaba de repetir actuación en la plaza de Madrid dónde últimamente el público no la había recibido nada bien. Los mismos que en la temporada de 1918, con los ojos embriagados y los pañuelos al vuelo, y afónicos de tanto ¡Olé! pidieron para el torero de Gelves el rabo del toro Gorrión de Guadalest, primero que se cortó en la plaza de Madrid.


Cabeza del toro "Bailaor", que le corneó mortalmente.

Antes de habitar José el piso de la calle de Arrieta su última morada madrileña, solía hospedarse en el Hotel Palace y después en casa del matrimonio vasco Ignacio Sorroanandía y Ángeles, grandes amigos suyos que vivían en la calle Carlos III, y de allí se trasladaron a la Plaza de Oriente. Y en el 1920, el fatídico 16 de mayo, el toro Bailaor de la viuda de Ortega acaba con él de manera tan absurda como imprevista, de una certera cornada. El día anterior, un vociferante, uno de esos canallas sanguinarios que jamás entendieron lo que es una corrida de toros, le increpó al abandonar la plaza en tarde de escasa fortuna: “Ojalá te mate mañana un toro en Talavera”. Aquel desgraciado acertó con su sentencia.


El cadáver del joven matador el 16 de mayo de 1920, en Talavera de la Reina.

España entera le lloró. Sevilla se deshizo en lágrimas. Vistieron a la Macarena de luto y desde entonces en la plaza de Madrid el 16 de mayo, de todos los años, los toreros hacen el paseíllo montera en mano y guardan un minuto de silencio por el que está considerado como el mejor torero de todos los tiempos… con permiso de Juan Belmonte.


Su cuñado y torero Ignacio Sánchez Mejías, llora la muerte de "Joselito".

“Joselito” vivió deprisa y Bailaór con urgencia cortó con su astas finas y asesinas esa apresurada trayectoria. Ignacio Sánchez Mejías y Enrique Ortega “Cuco”, sus cuñados, velaban el cadáver de José cuando se presentó llorando Juan Belmonte. Éste miró el féretro y se hizo una reflexión dirigiéndose a banderillero “El Cuco”: “Enrique, si éste está aquí, los demás estamos viviendo de milagro”. Pero la muerte le quiso para ella sola, y le puso una cornada certera al otro lado del tiempo, un día de primavera.

Torero, el mejor….

por arte y gracia gitana,

con el capote… nadie le igualó,

ni con la muleta, ni con la espada.

Antonio Rodríguez Salido. -


Continuará…


Antonio Rodríguez Salido.-

Compositor y letrista. –

Escalera del Éxito 176.-



José Luis Cuevas

Montaje y Editor
Escalera del Éxito 254.-