jueves, 12 de septiembre de 2024

 






Dinastía “Los Gallo”



Los Gómez y los Ortega, “Los Gallo” y “los Cuco”, los payos y los gitanos, los toreros y los flamencos, todos esos paralelismos se dan en la genealogía de dos familias que se unieron en la segunda mitad del siglo XIX, cuando Fernando Gómez García se unió en matrimonio con Gabriela Ortega Feria.

“Yo no soy un torero de clase. Soy una clase de torero”.


Rafael Gómez Ortega “El Gallo”

Torero de leyenda, nació en Madrid el 17 de julio de 1882. Al comienzo de su carrera se apodó “Gallito" y en 1912, con la llegada de su hermano José suprimió el diminutivo adoptando el nombre artístico de su padre Fernando Gómez “El Gallo", uno de los espadas que más a fondo conoció el oficio, hasta el punto de que se le ha calificado como el mejor teórico que ha existido en tauromaquia. Consecuencia de su saber, sus discípulos llegaron a ser excelentes toreros, caso de Rafael Guerra Bejarano “Guerrita" y de sus propios hijos.

         Rafael con la precocidad de sus nueve años toreó por primera vez una becerra. A los trece, toreando un eral, entusiasmó a su padre y a cuantos le acompañaban. Con la misma edad, en 1895, banderilleó un toro que estoqueó Antonio Reverte Jiménez, en su pueblo natal de Alcalá del Río. Ejecutó la suerte con la especial personalidad que le caracterizaría y que ya dejaba entrever. Esa misma tarde queda formada la cuadrilla de “Niños Sevillanos", con Rafael Gómez “Gallito" y Manuel García “Revertito", sobrino de Reverte. Se presentaron ante el público en la plaza de Valencia y los neófitos tuvieron para aconsejarles y auxiliarles, nada menos que a Fernando Gómez García “El Gallo", Antonio Reverte y “Bombita”. Siguen su amplio recorrido novilleril y el 2 de agosto de 1897 se encontraba en Valladolid cuando Rafael “El Gallo" recibe un telegrama del picador Plácido Zambrano “Pimienta", comunicándole el fallecimiento de su padre, el señor Fernando “El Gallo".


Fernando, Joselito y Rafael, bajo el retrato de su padre, Fernando Gómez "El Gallo".

                    Al separarse de la cuadrilla de “Niños Sevillanos” se une con Manuel Molina “Algabeñito", pareja que mantiene una enardecida competencia con los otros noveles cordobeses formada por “Machaquito” y “Lagartijo Chico”. Cuando torea en Córdoba, Rafael Gómez cuenta con el apoyo de Rafael Guerra “Guerrita", que no olvida la carta que moribundo le escribió su compadre, el señor Fernando “El Gallo", rogándole que protegiese a sus hijos, y que procurase no les faltara nunca el pan. “El Guerra" amigo cabal, la tarde que los incipientes torerillos sevillanos actuaron en Los Tejares, llevó al hijo de su amigo, en su coche hasta la plaza y luego volvió a dejarlo en su alojamiento. En este festejo dada la inquina que existía entre el público por la competencia de los toreros sevillanos y los del antiguo Califato, “Algabeñito" resultó lesionado de una pedrada que recibió en la cabeza. Por esa circunstancia “Gallito” tuvo que torear y matar cinco novillos. Al parecer, aquel enfrentamiento torero de los jóvenes sevillanos y cordobeses gustó al público aficionado, y el día primero de septiembre del año 1899, los contratan en Madrid para torear una novillada de don Esteban Hernández. Esa tarde, aunque el triunfo sonríe a los de la Mezquita, son reconocidas las excepcionales condiciones que ya destacan en el hijo de la señora Gabriela.

Rafael Gómez Ortega "El Gallo" y Pastora Imperio.

              Su cotización está en alza a pesar de sus desconcertantes actuaciones. En la Maestranza sevillana, una tarde le entra la “jindama” y renuncia estoquear un novillo de la vacada de Concha y Sierra, cuya muerte la había brindado al Capitán General de la Región. Pasa el tiempo y el presidente ordena que suenen los tres avisos reglamentarios y a Rafael, vestido de luces, lo llevan detenido a la cárcel. La referida autoridad militar intercede rápidamente y a la hora es puesto en libertad, tras pagar la multa correspondiente. Durante el tiempo que permanece en el calabozo, Rafael recibe la visita del empresario de Sanlúcar de Barrameda y también del otro empresario de la plaza de Cádiz. Ambos pujaron para contratarle el primero. Lo consiguió el empresario de plaza de Cádiz y allí mismo se firmó el contrato.

                 La alternativa, la tomó el 28 de septiembre de 1902, en la Real Maestranza de Sevilla. Fue padrino de la ceremonia el diestro sevillano, Emilio Torres “Bombita", el toro elegido respondía al nombre de Repeloso y pertenecía al hierro de Carlos Otaolaurruchi. Cómo segundo espada actuó el hermano del antes citado, Ricardo Torres “Bombita". Más tarde, viajó a México D. F. y el 7 de diciembre del mismo año, le hiere gravemente un toro de Piedras Negras.

               Regresa a Madrid en fecha del 20 de marzo del 1904, para confirmar su doctorado en un mano a mano con Rafael Molina “Lagartijo Chico", estoqueando seis toros de la vacada de Duque de Veragua. Barbero era el nombre del toro de la confirmación. En el año 1910 torea de nuevo en Madrid y le hace tal faena al toro Boyero que le vale torear ochenta corridas de toros ese mismo año cuando sólo tenía dos firmadas.

                  Su primera oreja en Madrid la corta la tarde del 2 de mayo del 1912, al toro Peluquero, retinto, bragao y veleto, de la divisa colmenareña de Bañuelos, corrido en quinto lugar. Con “El Gallo" actuaron esa tarde, Vicente Pastor y Rodolfo Gaona. Rafael se entusiasmó tanto con la faena que le hizo a este toro, que estuvo a punto de llorar. La oreja que obtuvo fue la más artística cortada hasta entonces en la plaza Vieja de Madrid. Diez días después Rafael El Gallo", es anunciado de nuevo en el abono clásico de Madrid y le echan un toro al corral en medio de una enorme bronca. Y el día 15 , fiesta de San Isidro, vuelve otra vez al ruedo madrileño llevando de compañeros a Ricardo Torres “Bombita" y Vicente Pastor para lidiar toros de García Aleas. En la mañana de la corrida, los banderilleros regresan al Hotel Inglés donde se hospedan, después de haber sorteado y apartado los toros a lidiar por la tarde. Rafael, se dirige a su peón de confianza, Manuel Álvarez “Posturas" y le pregunta: “Manué, ¿qué ha pasao?... “Tó bien , Maestro”, contesta el subalterno. “¿Qué dice la gente por ahí?”... Vuelve a preguntar el diestro. “Maestro, ¿qué quiere que diga, si con el toro de la otra tarde “antoavía” nos andan buscando por la calle Alcalá… “Pues no te preocupes, que después de la “corría”, no se va hablar má en España que de Rafael “El Gallo".

            El recibimiento que tuvo el diestro madrileño aquella tarde, fue de una hostilidad tremenda y agresiva. En su primer toro se limitó a estar bien. Pero en su segundo de nombre Jerezano, retinto marcado con el número 63, de respetable cornamenta, noble y bravo, le realizó la mejor faena de su vida torera. Después de torearle magistralmente con el capote, y de banderillearle con gracia y finura, le ejecutó una faena grandiosa, totalmente quieto, con dominio absoluto y con un gusto artístico irreprochable, que hizo levantarse de los asientos al público presente. A continuación citó a recibir, haciendo perfecta la suerte y pinchó arriba. Volvió a montar la espada y recetó una estocada hasta la empuñadura entrando a volapié de la que Jerezano salió del encuentro rodado y sin puntilla.

           Dos años más tarde, el 14 de junio de 1914, toreando en la Plaza de Algeciras un toro de Moreno Santamaría le asesta una terrible cornada, el asta le penetró en el pecho rozando el esternón y del fuerte golpe recibido, dobló hasta una medalla que llevaba colgada al cuello, regalo de la reina Victoria por un brindis.

          Después del percance reaparece en Valencia con apoteosis. Le basta con abrirse de capote o dibujar un muletazo para borrar toda la tinta con que escribía la crítica publicando que estaba acabado y que era un medroso.



               Y es que, con los toreros gitanos no sirve esa vieja cantinela de que ya no vale o que se limita a aliviarse. En los días de inspiración su toreo es grande, como el cante de fragua que estremece y pone el vello de punta y se siente el pellizco de la genialidad del arte…es como un “calambrazo” que recorre de parte a parte todo el cuerpo. Durante la lidia, las telas toreras templaban la embestida del toro y, al unísono, la gente se dejaba el alma en un ¡Olé!. El genio gitano de Rafael “El Gallo" acertaba a embarcar la embestida del toro y en el semicírculo que describía la muleta seguida por el astado, tenía el acompañamiento de los clamores y las palmas, como tiene el auténtico eco del baile por soleá. Esto sucedía cuando el gran Rafael demostraba que torear es distinto a pegar pases. Se pueden dar muchos pases y no torear bien.

               Su padre siempre supo de la valía de su hijo Rafael. Corría el año 1893, (cuatro meses antes de morir, y después de una larga enfermedad cardiaca), cuando el señor Fernando “El Gallo” le dice a su mujer: “Gabriela, te dejo con seis hijos y poco dinero, porque la enfermedad se lo ha llevado casi tó, pero no te preocupes. Porque mientras nuestro hijo Rafael tenga un capote entre sus manos, ninguno de vosotros se va a queá sin comé”.


          Aquello fue como una profecía; era ya Rafael matador de toros y había cruza el “Charco" en varias ocasiones; al volver de hacer una campaña en México, el año 1910, su madre se sorprende cuando al intentar abrir el baúl, (entonces los toreros no viajaban con maletas), para ordenar la ropa, se encontró en el fondo del mismo, noventa mil duros en piezas de oro, o sea cuatrocientas cincuenta mil pesetas, un fortunón en aquellos tiempos.

En la Feria de Abril de Sevilla del año 1915, Rafael “”El Gallo", tiene una brillantísima actuación alternando con Francisco Posadas; cuanto hizo con capote, banderillas y muleta, al tercer toro de la ganadería de Felipe Salas, tuvo el natural carisma artístico y torero que otros tienen que aprender. Después de brindar a la actriz María Guerrero, que asistía acompañada de su esposo, el actor Fernando Díaz de Mendoza, pidió una silla y sentado en ella, originalidad desconocida, da unos magníficos pases, preludio de la memorable faena que llegó a continuación, completa de arte, de valor y de gran belleza, todo en medio de ovaciones delirantes. Entra a matar y entierra el estoque en el morrillo del animal, que cae a la arena como fulminado. Le conceden las dos orejas y además, recibe un regalo de la señora Guerrero y de su marido, por el detalle del brindis. El día 10 de octubre de 1918, que torea de nuevo en Madrid, alternando con su hermano “Joselito”, José Gárate “Limeño" y José Flores Cámara, anuncia su retirada del toreo, aunque reapareciera a la siguiente temporada.


               En 1920, año de la cogida mortal de “Joselito”, en Talavera de la Reina, Rafael torea cincuenta y cinco corridas de toros, y después desaparece de los ruedos españoles. Y desde 1921 hasta 1925 simultánea el toreo con las idas y venidas a tierras americanas. Su retorno a España en el año 1926, es acogido cariñosamente por los aficionados. El empresario Eduardo Pagés se apresura a ofrecer una exclusiva en condiciones muy ventajosas, al que simpáticamente le llamaban ya El Divino Calvo.


            El año 1921 “ El Gallo", no llega a un acuerdo con la empresa de la Plaza de Sevilla, por lo que no le anuncian en los carteles de la Feria de Abril, que la montan en base de Juan Belmonte todas las tardes. En el segundo festejo, el qué fuera gran rival de “Joselito” en los ruedos, recibió una cornada en la boca de un toro de Santa Coloma. Obligada por las circunstancias la empresa recurrió a Rafael. El representante de la misma, José Jimeno le ofrece matar las tres corridas que faltaban por lidiar, Guadalest, Murube y Miura. No se habló de condiciones. “El Gallo” sólo preguntó: ¿Qué pelo trae la corrida de Miura? Dos castaños, dos negros y dos cárdenos… “Pues, anunciarme”. No hubo más diálogo. En la primera tarde corta tres orejas, otras tres en la siguiente y dos orejas más en la última de Miura. Viaja a continuación a América, y a su vuelta, el mismo empresario le vuelve a firmar otra exclusiva, a dieciocho mil pesetas por corrida, cantidad muy considerable en aquellos tiempos, además, tiene el detalle de enviarle a Buenos Aires un anticipo a cuenta de los honorarios a recibir, para los gastos del viaje de regreso.

         A pesar de sus 53 años, a Rafael aún le quedan fuerzas y seguridad en las piernas, majestad y arte en el compás de su braceo, elegancia en la mirada y en el andar, para poner boca abajo los tendidos de las plazas, como pasó en la Feria de abril de Sevilla, en el año 1935, toreando una corrida de Gamero Cívico. Resultó, que le foguearon un toro manso y difícil. El público medio asustado se preguntaba que podía hacer un hombre de esa edad ante un morlaco como aquel. Rafael no tardó nada en coger muleta y espada y se fue a brindar la muerte del toro a su padrino de alternativa, Emilio Torres “Bombita", presente en un burladero. Inició la faena con un pase cambiado en medio del ruedo. Luego se echó la muleta a la izquierda y le pegó al burel más de veintitantos muletazos todos ellos maravillosos. A la hora de matar citó a recibir, y el toro que había sido poco castigado en varas se le vino encima, el diestro metió la mano y con ella el estoque, que entró por el mismo hoyo de las agujas, resultando prendido por el pecho, mientras el animal caía a sus pies sin puntilla. Eran las diez de la noche y los que le llevaban a hombros por las calles de Sevilla, aún se resistían de llevarlo al hotel.


          Rafael “El Gallo", fue un torero largo con el capote. En el toreo a una mano no tenía rival; sus largas, sus afarolados, sus revoleras, sus serpentinas, encendían de entusiasmo al aficionado. El ochenta por ciento del toreo actual mana de su talento creativo: el pase por alto o del “celeste Imperio", las banderillas al “trapecio", las largas cambiadas, el pase de la muleta por la espalda, el pase del Kikirikí, el molinete con la mano izquierda y el pase afarolado”. Con razón dijo Juan Belmonte que era el inventor del toreo. Banderillero fácil, pero difícil de pronosticar. A veces atacado de un miedo espantoso tiraba los avíos y salía huyendo despavorido hacía la barrera en aquellas sus famosas espantás. A Rafael, le solían echar tres o cuatro toros al corral, por temporada. Por el contrario, creaba las tres o cuatro faenas más grandes y geniales del año. De “El Gallo", siempre se esperaba cualquier cosa. Era impredecible. Triunfó y fracasó en todas partes. Recibió toda la gloria y todos los almohadillazos del mundo. Era así, no podía ser de otra manera, porque precisamente en esa innata desigualdad se encontraba el encanto de su fabulosa personalidad. A Rafael, le bastaba con abrirse el capote o jugar la muleta, para borrar con un lance o un muletazo, toda la tinta con que escribía la crítica pontificando que estaba acabado, o que era un medroso.


              Con los toreros gitanos no sirve la cantinela de que ya no vale o que se limita a aliviarse. Rafael “El Gallo" fue, como lo saben todos los buenos aficionados, un mito en la historia del toreo por su arrolladora personalidad. Un personaje desconcertante, dentro y fuera de la plaza. Capaz de mantenerse en activo, nada menos, que cuarenta años. Cuarenta años de toreo ¡señores! Cuarenta años de ¡arte! De broncas de inspiración, de infinitas tardes de sol y sombras, de blancos

Obra del pintor Miguel Ángel Morales Hernández.

             y negros, de improvisaciones, de genialidades… así, era uno de los toreros más geniales que ha habido nunca. Rafael vino a la vida con todos los duendes, esencialmente sevillanos… Nació en Madrid, pero era Sevilla andando y, con una gracia especial. Cuando los aficionados, ávidos de competencias, quisieron enfrentarle en los ruedos con Ricardo Torres “Bombita", no se daba por aludido y les respondía: “De competencias nada, que eso es pelea".



             Se cuenta una anécdota de “El Gallo", en la que muchos aficionados están en la creencia, que su protagonista fue el torero de Córdoba Rafael Guerra “Guerrita", y no están en lo cierto. Rafael “El Gallo", tenía fama de buen conversador y dada su idiosincrasia había llamado la atención del filósofo español José Ortega y Gasset, quién manifestó a su sobrino Rafael Ortega Gómez “ Gallito", su deseo de comer un día juntos con su tío, para poder hablar unas horas con él. A los quince o veinte días, el académico José María de Cossío y el sobrino de “El Gallo”, prepararon dicho encuentro. Los cuatro almorzaron juntos y Gasset salió muy satisfecho de la reunión. Después de despedir al filósofo, marcharon los tres al Café Gijón de Madrid, a tomar café. Tomaron asiento y “El Gallo", extrayendo de uno de sus bolsillos un puro habano y tras encenderlo, le preguntó a Cossío: “Oye, José María, este señor tan amable que ha comido con nosotros, ¿quién es?”… Cossío le contesta: “Hombre Rafael, tú siempre tan despistado; este señor es don José Ortega y Gasset”. “Eso lo sé, pero ¿qué es lo que hace?”, insistió “El Gallo"“Es el filósofo más grande de España”, Y Rafael vuelve a mirar a Cossío diciéndole : “¡Qué barbariá! ¡Hay gente pa’ tó!”.

           Durante su etapa torera ganó mucho dinero. No fue derrochador, ni tampoco gastó grandes cantidades. El dinero, poco a poco, se lo sacaban los “compadres” y los “primos”. Hasta hubo uno que se lo llevaba por la cara. La anécdota es conocida: Allá por el año 1915 un apoderado de “El Gallo", muy espabilado el hombre, puso encima de la cuenta de gastos, la fecha del año 1915, haciendo coincidir los números con las cifras del dinero de los gastos reales y los sumó, de manera que con esa habilidad suya se embolsó indebidamente ese día,1915 pesetas del clavo. Igualmente fue estafado en otras ocasiones. Hubo otro “pillo” al que le compró un brillante (su piedra favorita), le contó que había pertenecido a Napoleón, y le sacó una cantidad de dinero, muy por encima de su precio real. Verdad que Rafael era persona de clara inteligencia pero muy ingenuo por su bondad y prudencia. Hombre tan afable y caritativo, si le pedían dinero para remediar cualquier carencia, no lo negaba nunca. Tanto dinero le sisaron que últimamente no tenía siquiera ni para tabaco.

               Al final de la temporada del año 1957, le dieron un homenaje en la madrileña Plaza de Las Ventas. El festival se celebró el 20 de octubre y pidió la llave a caballo Conchita Márquez Piquer. El paseíllo de las cuadrillas estuvo encabezado por el homenajeado, al que acompañaban Vicente Pastor, y Manuel Rapela “Bienvenida". Los aficionados abarrotaban los tendidos. Cuando el Divino Calvo dio la vuelta de honor al ruedo, le echaron puros, su cigarro favorito. Fue tal la cantidad, que hubo de recogerlos con la ayuda de los capotes de brega. Luís Fuentes Bejarano, Domingo Ortega, César Girón, Pedro Martínez


Rafael "El Gallo" en un ayudado por alto, Desplante en la plaza de Acho de Lima.

“Pedrés", Ramón Solano “Solanito” y Rafael Jiménez “Chicuelo” (hijo), lidiaron novillos de don Antonio Pérez de San Fernando. La recaudación económica del festejo se la administró, su familia, (otros opinan que fue su entrañable amigo Juan Belmonte), para evitar más timos al buenazo de Rafael. No era jugador ni bebedor pero murió sin un duro.


Arriba, "El Gallo" lidiando de muleta a un impresionante animal. (Foto cedida por Aguayo). Rafael "El Gallo" dominando. Abajo, Rafael "El Gallo" iniciando la faena sentado en una silla

Vistió por última vez de luces en Barcelona, el 4 de octubre del 1938, y dejó de existir en Sevilla, el 25 de mayo del 1960.


Álvaro Domecq y Díez, Rafael Gómez Ortega "El Gallo" y Juan Belmonte García, en los cajones numerados de la plaza de toros  de Ronda.

             Rafael llevaba sangre torera por la línea de su madre del Lillo, Paco de Oro, El Marinero, Francisco Ortega, El Cuco, Los Barrambín, El Poncho, Rebujina, Agualimpia, El Loco, Potoco, Enrique El Almendro… y aquí me quedo.

Continuará…


Antonio Rodríguez Salido.-

Compositor y letrista.-

Escalera del Éxito 176.-



José Luis Cuevas

Montaje y Editor

Escalera del Éxito 254



miércoles, 11 de septiembre de 2024

 




CONSERJES DEL COSO DE LOS TEJARES Y DE LOS CALIFAS… 



RAFAEL DELGADO, LUÍS LLAMAS, PACO LLAMAS, ANTONIO DE LA ROSA, DOLORES MANGAS, FRANCISCO ROMERO Y ANTONIO SOLÍS... 

A Rafael Delgado Casares, conserje del anterior coso de Los Tejares y primero de nuestra lista, lo conoció el periodista y crítico taurino José Luís de Córdoba (1914-2007), de lo que queda constancia, en el texto de uno de sus numerosos artículos. Dice el periodista cordobés de Rafael Delgado, lo siguiente: 



          …”no podemos por menos que tener un recuerdo emocionado, para el conserje anterior a Luís Llamas, allá por los años veinte y treinta, que fue el primero que nosotros conocimos y tratamos. Se llamaba Rafaelito Delgado y era también un hombre afable, cordial y campechano, que derrochaba amabilidad y paciencia, no sólo en el cumplimiento de su misión, sino también con los profesionales del toreo y aficionados”...
           Como es habitual, los aspirantes a toreros se entrenaban y se entrenan en el ruedo de la plaza de toros de la localidad. Lugar adecuado e idóneo, para que el joven aprendiz se impregne del misterio de la Fiesta, y más adelante, transforme lo aprendido en majestuosidad y solvencia. Exactamente igual ocurría y ocurre en nuestros cosos, tanto en el antiguo de Los Tejares como en el nuevo de Los Califas. Todo sigue más o menos igual que antes, se respeta afortunadamente el patrón tradicional establecido. En el caso de Los Tejares, los chavales se entrenaban, arropados por los maestros y la ayuda del conserje, que en el recuerdo que nos ocupa, se trataba de Rafael Delgado o Rafaelito. 
             Un buen profesional y un mejor aficionado a los toros, que se desvelaba por esa juventud rica en ilusiones y sueños taurinos. Con éllos se mostraba en todo momento, servicial y colaborador.
       Paralelamente a esa actividad cercana a los jóvenes aspirantes, también atendía con eficacia, a los mandos y soldados del Regimiento de Artillería Pesada, que en esos años, realizaban sobre la arena del redondel la reglamentaria instrucción.
Rafael Delgado murió el sábado 8 de febrero de 1936, de una forma trágica, según una crónica que publicó el periódico La Voz.
…”El conserje de la plaza de toros don Rafael Delgado Casares, fue esta madrugada víctima de un sensible accidente que le ha costado la vida. Cuando daba una vuelta por las dependencias de la plaza, entró en la enfermería sufriendo los efectos de las emanaciones de gas, cuyas espitas, sin duda por un descuido habían quedado abiertas, cayendo al suelo desvanecido.
              Extrañados los familiares de su tardanza acudieron, y con toda rapidez procedieron a trasladarlo a la Casa de Socorro. Al ingresar en el benéfico establecimiento, los auxilios de la ciencia ya eran inútiles, pues el señor Delgado había fallecido.”… 

Vivienda del conserje en Los Tejares 

         Le sustituyó Luís Llamas, quién había trabajado de carpintero oficialmente, en el coso de Los Tejares a partir de 1903. Si bien, colaboraba en distintos menesteres desde 1901. Por lo tanto cuando falleció Delgado, tuvo la suerte y el honor, de heredar las obligaciones propias de su nuevo puesto: es decir, el de conserje y encargado de los corrales. Fue entonces cuando ocupó la vivienda inherente al cargo, en el entrañable patio de cuadrillas, escenario variopinto de tantas idas y venidas, así como de tertulias previas a las corridas.
         José Luís de Córdoba describe a Luís en uno de sus comentarios, con la misma imagen que guardo de él, entre mis recuerdos infantiles: 



…”aquel hombre menudo de cuerpo, servicial y amable en su trato”…
           El que esto escribe, vivía en aquella época, enfrente de Los Tejares, concretamente en el ático del entonces conocido por el I.N.P o popularmente como la Caja Nacional, y desde la terraza general podía ver y disfrutar, lo que sucedía en algo más de media plaza de toros. Cercanía que me permitía desde muy joven, estar en contacto con el mundillo de los toros. Recuerdo por ejemplo, a un nieto de Luís Llamas, o a los hijos del novillero Rosalito, o a los los retoños del malogrado Hombre de Piedra –singular torero bufo -, etc.
Fallece Luís en 1960, tomando el relevo su hijo Francisco ¡quién mejor!..
             Efectivamente, Francisco Llamas Pachón que había nacido en 1918, a partir del óbito de su padre, es el nuevo conserje, encargado de los corrales y también torilero. Estaba más que acostumbrado, pues Paco y sus tres hermanos, ayudaban habitualmente a su padre en tales menesteres. Entre sus recuerdos figura uno muy curioso, y es que de pequeño había presenciado la siembra de las dos palmeras, que entonces jalonaban la puerta grande, y que aún hoy, siguen enhiestas en el mismo lugar. 



            Al inaugurarse el actual coso de Los Califas en 1965, se le confirmó en el mismo puesto laboral que ocupaba en el histórico de Los Tejares. Desarrollando las complejas actividades que requiere su puesto laboral, con entusiasmo y eficacia. En este puesto ha permanecido hasta su jubilación en 1987.
Paco Llamas falleció el día 18 de octubre de 2013. 

                 
Paco Llamas 

         Tras esta sentida y obligada retirada, un nuevo conserje y encargado de los corrales, cubre el puesto laboral de Paco Llamas, se llamaba Antonio de la Rosa Llamas, padre del gran subalterno:                   Antonio Manuel de la Rosa Mangas, novillero y peón de confianza de Finito de Córdoba, a quién acompañó durante varias temporadas.
             Antonio de la Rosa, fue mozo de espadas de Manuel Cano Ruíz El Pireo, y de Manuel Benítez El Cordobés en la reaparición del 85.
            Antonio falleció el 10 de septiembre de 1997, a consecuencia de una grave enfermedad. Para ayudar económicamente a la familia, se organizó un festival en Córdoba el día primero de l998. El cartel estuvo compuesto por los rejoneadores Luís y Antonio Domecq, los diestros: Ortega Cano, Emilio Muñoz, Rafael Camino, Jesulín de Ubrique, Finito de Córdoba y el novillero Alejandro Castro, que lidiaron ganado de Núñez del Cuvillo. El festejo comenzó a las doce, con un día espléndido y, curiosamente, el festival se terminó con presencia de la lluvia. En cualquier caso, resultó entretenido y se cortaron nueve orejas y un rabo. 



       Después de este hecho luctuoso, se hizo cargo de la conserjería Dolores Mangas, esposa de Antonio de la Rosa. Es el momento en el que entra en escena como encargado de los corrales, un experto conocedor de los toros y de sus movimientos, querido y conocido por todos: José Luís Sánchez Columpio, hijo del banderillero del mismo apodo y sobresaliente en tantos y tantos festejos para jóvenes promesas.
         Dolores, en lo que atañe a su dedicación laboral, cumplió eficazmente con las obligaciones inherentes de la conserjería del coso de Los Califas. Concluida esta etapa, y con motivo de su jubilación, cesa en el cargo en julio del 2012. 


Francisco Romero Pulido y un amigo

Desde la citada fecha, en la que deja la conserjería Dolores, se nombra a Francisco Romero Pulido, como nuevo conserje de Los Califas. Cuenta en el desempeño de sus funciones, con la ayuda de su esposa Maravilla Porras y de sus hijos Juan José Y Francisco. Sigue encargándose de los corrales el experimentado José Luís Sánchez Columpio, persona de la que ya hemos comentado anteriormente, su capacidad, idoneidad y conocimiento de las tareas relacionadas con el cargo.
El 12 de mayo de 2019 asume las funciones de forma transitoria, Antonio Solís Solís, por indisposición de Francisco. El día 24 de junio de 2020 es nombrado definitivamente nuevo conserje del coso de Los Califas. Antonio formaba parte del personal de la empresa desde 1990, sustituyendo al fallecido componente del tiro de mulillas Cristóbal. En el 2000 se integró con los compañeros de los chiqueros y varios,
hasta el 2006 que José Luís Sánchez Columpio, le propuso como su ayudante en los trabajos propios de los corrales.
Hasta que el presidente de la Sociedad Propietaria Rafael Centeno tuvo a bien ficharlo para continuar las labores del anterior conserje. 


ANTONIO SOLÍS

 Foto Cuevas

Solís y su Esposa: Foto Cuevas





 Montaje, Editor  y fotografías
                    José Luis Cuevas

martes, 10 de septiembre de 2024

 




El lazarillo de Cañero que triunfó en América y salió a hombros en Vista Alegre


  • Fernando Martín Tortosa se probó en el Matadero y con Porritas, ganó su primer traje de luces triunfando en un festival y un titular de prensa lo bautizó como Fernando Tortosa


  • El Dia de Córdoba


  • EL Club Deportivo Córdoba estrenaba el nombre de Real, la camiseta verdiblanca y el ascenso a segunda división. La Victoria acogía la primera Exposición Nacional del Aceite de Oliva, inaugurada por el ministro Miguel Primo de Rivera. El alcalde y médico, Antonio Luna, recuperaba la becerrada del Club Guerrita y Manolete, con casi 100 corridas esa temporada, ejecutaba la mítica faena a ratón en Las Ventas. La Huerta de La Viñuela y Cañero figuraban ya en los planes urbanísticos y en la ilusión de la ciudad. Allí, donde Córdoba se confunde con la carretera de Madrid, vivirían María Tortosa Conde y Ricardo Martín Guerra.

              El muchacho de El Rubio y la joven de Aguilar se casaron en Santa Marina y se instalaron en el número 3 de La Fuensantilla. Allí nació Fernando, un domingo 25 de junio de 1944 y, en torno a los siete años, estrenó casa en la calle Cerámica de Cañero. Mientras el asfalto ganaba terreno a las huertas de Levante, nacían Rafaela, Francisco, Ricardo y María. Eran los años del hambre y el racionamiento; los de los chiquillos asaltando las huertas de La Viñuela o de la Sardina y el trabajo prematuro. Fernando se empleó como lazarillo de Antonio Tejero Serrano, el piconero ciego que fuera abuelo de actores y toreros. Cuenta que le daban diez reales y la comida y nunca le faltó de nada: "Aquella mujer me trató como a un hijo y las huertas daban de todo. Si venía el capataz, corríamos. Entendían la necesidad que había".

  •             Tenía ocho años cuando lo llevaba el padre a la puerta de Los Tejares porque no había dinero para estar dentro. Guarda de entonces el impacto de un torero triunfante, a hombros por el arco de la Malmuerta camino de San Cayetano; se llamaba José María Martorell. Quizá fue entonces cuando despertó al deseó de vestir de luces, o tal vez al ver la silla del novillero Antonio Tejero Conde, Pescaderito. Por eso, Fernando empezó a cambiar las tapias de la Sardina por las del Matadero y el juego del toro. Alguien le contó que había vacas viejas y fue su manera de hacer la luna, de comprobar "lo que se siente al dar unos muletazos en aquel corral, sobre las piedras; eso hay que vivirlo". El tremendo accidente de otro maletilla no le quitó las ganas. Luego, trabajando en Recambios Marcial de la Puerta del Rincón, llevaba los cafés fríos porque se embelesaba mirando las fotos de Manolete del bar Paco Cerezo. Aquello le daba la oportunidad de decirle a los clientes que quería ser torero. Espinosa de los Monteros lo invitó a probarse, pero el jefe no le dio permiso para ir y se despidió. Coincidió con la llegada de Porritas a su barrio, otro de los muchos golpes de suerte que agradece a la vida.

                   Con 15 años iba de ayudantillo al campo a ver embarcar, limpiaba cajones, estaba cerca de los toros y Ángel Ramírez lo apoderó. Mucho antes, embarcando una corrida de Prieto de la Cal, le preguntaron: "¿Te parecen grandes?" y respondió: "Algún día torearé yo un toro de estos". Sería diez años después en Vista Alegre, Madrid, cortando dos orejas y dos vueltas al ruedo y encandilando a Domingo Dominguín, con quien se fue a América en 1969.

            Ya antes, el 17 de junio de 1962, había hecho su primer paseíllo con El Albaceteño en Los Tejares, de la mano de Emilio Fernández, el mismo que lo contrató de nuevo para el 4 agosto con El Carloteño. Debutó con picadores en Priego en abril de 1964 y cerró el verano cortando dos orejas en Los Tejares. En otoño y en Priego, su bautizo de sangre dejó el pitón a milímetros de la femoral.

                   Emilio Fernández, el empresario diestro en retórica que pagaba con billetes de 20 duros para que abultara más, le compró 11 novillos de Gerardo Ortega para que se recuperara y reapareció en Los Califas en marzo de 1966. Un año más tarde, en Saint Sever (Francia), su suerte lo puso junto a un excelente cirujano y espectador que le salvó la vida y el pulmón. Reapareció en Madrid en septiembre con la afición, la crítica y hasta Manuel Benítez, admirando su personalísimo estilo con la muleta y las banderillas, y esa divina maestría con la espada. Pero su mayor emoción de entonces fue ver "Fernando Tortosa, torero de Córdoba" en su tapia de La Viñuela. Ese amor a la tierra le llevó a rechazar su doctorado en Barcelona y Castellón y, por esas nebulosas razones que los toreros saben y callan, se cerraron las puertas de los circuitos aquel año.

                  Eligió la alternativa en Los Califas, el 19 de marzo de 1968, con Diego Puerta como padrino y Manuel Cano, El Pireo. Obtuvo entre otros la Oreja de Oro del Club Calerito y triunfó también en Portugal, Francia, Sudamérica y el resto España con Antonio Ordóñez, Palomo Linares, Paquirri, Diego Puerta, El Puri o El Hencho. Una mañana en Gerona, almorzando, vio la felicidad de un albañil junto a su mujer y sus hijos. Era el 10 / 8 / 1975.



  •              Cortó dos orejas y cuando el padre le habló de Barcelona contestó: "Papá, ya no me visto de torero más". Dejó atrás y rechazó, con la elegancia de los diestros cordobeses, propuestas de las mejores plazas, empresarios, apoderados y figuras del toro. Volvió junto a Ángela Cuevas, la niña de 11 años que veía limpiar verduras, la que fue su novia con 13 y le dio el sí quiero en El Rescatado, un 18 de abril de 1976. Nacieron Ángela, Fernando y Pilar; ingeniera, jurista y economista, son el mayor orgullo del muchacho de Cañero que quiso y supo ser un torero valiente y honrado.

  • El del centro junto al hermano de Fernando, Paco, con el sombrero, es Don Gerardo Ortega, después del Tentadero.

  • Fernando Tortosa de Tentadero en casa de Don Gerardo Ortega, con el Mayoral, los Vaqueros, y amigos