viernes, 6 de septiembre de 2024

"BOTICA BLUES BAND"







 UN AGRADABLE PASEO CON SORPRESA FINAL



LA MUSICA DE  "BOTICA BLUES BAND", UN CONJUNTO CORDOBÉS DE VIEJOS ROKEROS, IMPREGNABA EL BARRIO DE VALDEOLLEROS.







Ladislao Rodríguez Galán 

La radio, la prensa y los reclamos en los comercios llevaban varios días machacando con el Black Friday, hasta tal punto que no tuve más remedio que echarme a la calle para darme un paseo por el centro y ver el ambiente y la respuesta de la gente a esta llamada poderosa e interesante...para el bolsillo.

         La tarde estaba agradable y pasear me pareció una buena idea. El centro estaba muy ambientado y la gente entraba y salía de los comercios dando la sensación que se lo estaba pasando muy bien con tanto barullo en la zona comercial.

           Cuando la noche comenzó a caer volví los pasos para casa. Al enfilar el vial (llamado jocosamente el "paseo marítimo de Córdoba"), comencé a escuchar una música lejana, como si de una verbena veraniega se tratara.

          Igual que un sabueso se deja guiar por su olfato, yo me confié a mi oído y camine en pos de ese ritmo desenfrenado que cada vez se hacía más intenso.


         Al llegar a la avenida de los Almogávares me topé con un enorme escenario que ocupaba toda la vía, teniendo que desviarse el tráfico por las calles adyacentes.

          Había mucho público escuchando y otros con el móvil en la mano grabando el concierto. El ritmo y la buena música contagiaban a todos que se contorneaban encantados.

            Sobre las tablas un grupo de músicos veteranos desgranaban, una tras otra, viejas composiciones rokeras de las llamadas de "toda la vida".

            El vocalista, con buena voz, cada vez que terminaba un tema se dirigía a los presentes y de manera jovial y simpática les indicaba cual sería la interpretación siguiente. El público recibía el anuncio con gran alborozo como el que espera el maná.

            Había tres guitarristas, un organista y un batería endiablado que marcaba el ritmo con un frenesí de locura. Todo perfecto y los temas interpretados con muchísima calidad. Por eso cada vez se arremolinaba más gente, que al finalizar aplaudía a rabiar.




       Pero mi sorpresa, agradable sorpresa, radica en que el especialista de la percusión era mi querido amigo José Luis Cuevas. Parapetado detrás de una torre de platillos no lo había distinguido ni me había percatado de quien se trataba.

        Yo conozco desde hace años, porque me lo ha referido en numerosas ocasiones, que el forma parte de un grupo de rock  que ensaya tres días a la semana. Y también,  multitud de veces, me había dicho que me acercara a tal o cual local nocturno donde actuarían. Nunca pude ir, por lo avanzado de la hora (no soy ave nocturna), pero mira por donde, sin esperarlo, me topo con el grupo rokero de José Luis. 

         Se anuncian  Botica Blues Band y suenan como los ángeles. No me extraña que la gente estuviera hipnotizada por su música. Son muy buenos.






            Entre el público había gente joven y muchos críos sentados en el asfalto (la noche era deliciosa). Y por no faltar, no faltaba la nieta de Cuevas, acompañada de la abuela Manoli. Estaba la cría de cabello dorado sentada en la escalerilla de acceso al escenario sin perderse nada de lo que hacía el abuelo. Imagino que para él sería un aliciente para dar lo mejor de sí.

            Tomé estas fotografías que les muestro como ejemplo de que cuando las cosas se hacen bien y con calidad, la edad no importa. El ritmo se lleva en los genes.

           Esta fue una original y magnífica manera de celebrar los comerciantes de Valderolleros su particular Black Friday.

Una vez más la vida estaba en un barrio.

        Me fui para casa tatareando una de las  canciones que escuché mientras pensaba que es verdad que los viejos rokeros nunca mueren...

Enhorabuena muchachos.


 




Dinastía: Sánchez Mejías

Ignacio Sánchez Mejías.-



Parecía que estaba destinado trágicamente para morir en una plaza, y este destino se cumpliría el 11 de agosto de 1934 en la plaza de Manzanares cuando el toro “Granadino” le inferió una gravísima cornada de la que falleció al siguiente día en Madrid. Ignacio Sánchez Mejías contaba cuarenta y tres años de edad. Le habían recriminado por retornar a los ruedos a una edad impropia de torear. ¡Qué hubieran dicho entonces si hubieran visto a algún torero de hoy actuando en el ruedo a los sesenta años!

         Había nacido en Sevilla el 6 de junio 1891, en la calle de la Palma. De familia acomodada, su padre era médico. De adolescente busca las compañías de los torerillos de su barrio con los que juega al toro en la calle y, cuando no, se escapa y se va al campo a torear. En aquellos primeros escarceos conoce a “Joselito", menor que él cuatro años, y en la huerta El Lavadero propiedad de sus padres, alterna infantilmente, por primera vez, en el juego que después sería para ambos gloria y tragedia.


Con Rofolfo Gaona y Juan Belmonte.

           Viaja de polizón en un barco a México y a su llegada, busca trabajo en una hacienda de mozo de cuadra, sin abandonar sus aspiraciones toreras y siempre dispuesto a aprovechar la primera ocasión que apareciera. Ésta se le presenta pronto, en una corrida organizada en la plaza de toros de Morelia en la que actúa de banderillero, ya vestido de luces. Un viejo torero y empresario de nombre Ramón López, lo emplea en los corrales de la plaza y, en varias ocasiones torea de novillero en la plaza de México sin ningún éxito resonante. No le gusta aquella situación y aprovecha el regreso del torero viseño Fermín Muñoz González Corchado, “Corchaito" a España, y se viene con él incorporado en su cuadrilla. No olvidó nunca Ignacio este gran favor que le hizo el infortunado torero cordobés, al que siempre tuvo para él un recuerdo de afecto permanente.



        Sin dejar los palitroques a un lado, intentó probar fortuna de matador, y junto al también banderillero Luís Suárez “Magritas", toreó en Madrid una novillada de Fernando Villalón en la que actuó de primer espada el diestro malagueño Matías Lara “Larita", era el 7 de septiembre del 1913. Parco aún de conocimientos taurómacos, el público se vuelca con Sánchez Mejías, especialmente en la suerte de banderillas.

        En el año 1914, y metido de lleno en la profesión de novillero, le contrata al principio de temporada la empresa de Valencia para torear utreros el 5 de abril de ese año. Va a Barcelona los días 13 y 19 de mayo, y en Córdoba el 31. En esta ocasión, los novillos fueron de Miura y el sexto, segundo de su lote, se lo brinda al matador de toros, por entonces retirado Rafael González Madrid “Machaquito", con el que había ido anteriormente en su cuadrilla. Los dos años siguientes los dedica a coger oficio en la brega de peón y demuestra tener poder, conocimiento, valor y una tremenda facilidad al clavar banderillas, en cualquier terreno y con la máxima prontitud. Tales condiciones las lució principalmente en la cuadrilla de “Joselito”, hasta el extremo de ser considerado como el mejor banderillero de su época. Tan capacitado se ve que, cuando nadie lo esperaba, vuelve a reincidir en su pretensión de hacerse matador de toros. 

       Ese día es el 18 de agosto del 1918, cuando torea en la Monumental de Sevilla. Al finalizar la temporada se le ve ya un torero hecho, cuajado y, por tanto, candidato a una alternativa próxima. En efecto el 16 de marzo de 1919, en Barcelona, “Joselito", le cede la muerte del toro “Buñolero", de la ganadería de los hijos de Vicente Martínez. Su actuación no pude ser más brillante y lucida. Toreo de capote, puso banderillas y con la muleta estuvo sencillamente magistral. Finalmente mató de estocada superior y la oreja que le concedieron fue muy celebrada. Y como en su segundo enemigo estuvo, asímismo, muy afortunado, sus entusiastas le sacaron a hombros de la Plaza. Ese día acompañaba a los diestros, nada menos, que Juan Belmonte García.


Ignacio, pasando al toro de muleta sentado en el estribo de la barrera.

         La confirmación de su alternativa en Madrid se verifica la temporada siguiente en Corrida de Beneficencia, siendo su cuñado “Joselito” de nuevo el padrino, con Juan Belmonte y Manuel Varé García “Varelito" como testigos. El toro de nombre “Presumido", berrendo en negro, del ganadero Vicente Martínez fue el de la ceremonia, y con el que Ignacio estuvo muy valiente y lucido con capote y banderillas, pero no totalmente acertado con la muleta. Al final aunque mató mal, el público le ovacionó y le obligó a dar la vuelta al anillo. Con el octavo y último toro, menos apto para el lucimiento, cumplió bien siendo aplaudido.

         Aquel año 1920 transcurre taurinamente a la sombra de la tragedia de Talavera de la Reina. Ignacio Sánchez Mejías, acompañaba a “Joselito", la tarde del 16 de mayo, en la que el toro “Bailaor" de la viuda de Ortega le diera muerte al mejor de los toreros. Él fue quien acabó con la vida del toro que infirió la mortal cornada a su cuñado José. Ignacio cumple con fervor y cariño de hermano con las tristes obligaciones de aquellos momentos, pero la vida sigue e inmediatamente vuelve a la brega. En la corrida del 2 de enero del 1921, y con ganado de Ateneo y San Diego de los Padres, se enfrentan por primera vez el diestro mexicano, Rodolfo Gaona y Sánchez Mejías, dos toreros de auténtica valía por lo que finalmente no hubo ni vencedor ni vencido.


Un desplante  arriesgado de Ignacio Sánchez Mejías

         En la temporada de 1922 torea hasta cuarenta y tres corridas. Sus actuaciones fueron duras, mayor parte, por su carácter en la plaza y el de su mismo toreo, corajudo y sin contemporizaciones. Estas formas chocaban con los deseos del público y con las exigencias de aquellos que se les suponía aficionados más rigurosos. Había que torear en un ambiente de impopularidad, que cada tarde tenía que despejar con alardes temerarios de gran valor. El año siguiente permanece retirado del toreo, para volver en el 1924, bien avanzada la temporada. Comienza en Alicante el 29 de Junio. Ignacio vuelve con más arrestos que cuando empezó. La temporada de 1925, torea sesenta y una corrida y sigue siendo la figura más interesante de los carteles. El 29 de junio es herido por un toro de Miura en la plaza de Burgos. Fuerza su curación y se presenta en Madrid, el día 10 del siguiente mes, en la corrida de la Cruz Roja.


Un adorno ante el toro, a punto de doblar.

           La expectación por verle es grande, pues no pisaba el ruedo madrileño desde el año 1921. Sin estar totalmente restablecido de la cornada, Ignacio hace tales alardes de valor y es tal su forma de torear que el público entusiasmado, solicita al presidente le conceda la oreja del toro. En el 1927 torea sólo tres corridas: el día 25, en Badajoz, el 29, en Córdoba y el 3 de Julio en la ciudad gallega de Pontevedra, donde anuncia de nuevo su retirada.



             Comienza para el torero una época que debería haber sido de reposo y tranquilidad pero que su constante inquietud le llevaba a complicarse con aventuras literarias e intervenciones ruidosas en proyectos y negocios de la más variada especie. Ese mismo año costeó el viaje a Sevilla de un grupo de jóvenes poetas que querían rendir homenaje a Luís de Góngora. De aquella iniciativa nació la famosa Generación del 27, de la que formaron parte, entre otros, Federico García Lorca, Gerardo Diego, Luís Cernuda, Rafael Alberti, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso, Miguel Hernández, Pedro Salinas y Jorge Guillén.

          En el 1928, Ignacio estrena, su drama Sinrazón en Madrid, y su comedia Zayas, en Santander. Asímismo cabe reseñar otros títulos como: “Ni más ni menos", una farsa poética, la obra “Soledad", y el libreto de “Las calles de Cádiz”, para un musical interpretado por la bailarina Encarnación López “La Argentinita", con la que mantuvo una intensa relación.



    Pero ni estás tranquilas satisfacciones, ni tampoco aquellos otros triunfos públicos satisfacían su espíritu inquieto, por lo que decidió volver de nuevo a la pelea en los ruedos en 1934. Falto de agilidad y sobrado de peso, se sometió a un duro entrenamiento, que derivó en una ciática, teniendo que estar en cama, durante un largo periodo de tiempo. Una vez restablecido de tal dolencia, hizo su reaparición en Cádiz con seis toros de la ganadería de Domecq, llevando de compañeros a el “Niño de la Palma” y Pepe Gallardo.

         El anuncio de la decisión de Ignacio de volver a los ruedos había sorprendido a todos los aficionados ya que el torero llevaba siete años de inactividad. Además gozaba de una más que holgada posición económica y llevaba una intensa y polifacética vida alejado de las plazas.

        Una tarde tras torear la corrida de Asociación de la Prensa en San Sebastián, el crítico Eduardo del Palacio dialogaba con Ignacio sobre el tema. Y fruto de aquella conversación publicó un artículo en el diario ABC titulado: “El porqué de la vuelta a los toros”, en cuyos párrafos se desentraña aquel misterio. Reproduciendo la conversación mantenida con el torero, el crítico reflejó lo siguiente: “El por qué me visto otra vez de luces, nadie lo sabe. Yo sí. Mi ilusión es mi hijo Joselito, que no ha cumplido diecisiete años y ya tiene dentro el veneno de los toros. Supe un día que andaba yendo a tentaderos. Una ruina. Le hice prometer que no torearía mientras yo estuviese en activo. Le dije que si a Pino Montano tenía que llegar un hombre destrozado, que fuera yo, y no el hijo de esa mujer, su madre, que ya conoce todos los sinsabores del toreo, tras haber perdido un hermano en la plaza. Y, mientras yo toree, mi hijo sabe que no va a poder torear. Por eso he vuelto”.


Sánchez Mejías, velando a su  cuñado  "Joselito" el día que éste falleció.

         En nada rebajó la emoción de su toreo habitual en una tarde peligrosa por el viento, y que aun aumentó más por la manifiesta falta de agilidad y facultades físicas, que para nada frenaba su arrestos y sus alardes ante aquellos toros. El desprecio del riesgo llegó a extremos mayores que en su época de nobel, cuando, a fuerza de valor, se abría paso en todos los carteles para colocarse junto a “Joselito” y Belmonte. Por satisfacer a la empresa, va a Manzanares el día 11 de agosto del 1934, a sustituir a Domingo Ortega lesionado en un accidente de coche. Los toros eran de Ayala y sus compañeros, el mexicano Fermín Espinosa “Armillita Chico", Alfredo Corrochano y el rejoneador Simao da Veiga.


Un natural a media altura.

      Desde el primer momento, Ignacio Sánchez Mejías, intentó demostrar ante aquella afición, que el volver a jugarse la vida ante los toros, era porque se encontraba en posición de la valentía innata que tantísimo le distinguió siempre pudiendo decir que fue su verdadera característica. La faena a “Granadino” la comenzó desafiando al toro sentado en el estribo, que le arremetió, pasándole muy cerca el pitón.


Sánchez Mejías acompañado de un grupo de amigos intelectuales.


       Al dar el segundo pase en la misma forma, sufrió un pitonazo en el pecho, se levantó y en ese momento el toro se le vino encima y le prendió por el muslo derecho. Fue un momento espantoso. Ignacio se agarró fuertemente al pitón de la res e hizo esfuerzos para evitar que el cuerno penetrase más. Al fin, pudo librarse cayendo su cuerpo a la arena. Rápido se puso de pie y apretándose con fuerza la herida y con gran entereza, procura contener aquel caño de sangre que brotaba por aquel enorme boquete. Al entrar a la enfermería sufre un show traumático que pone en peligro su vida por un instante. Los doctores le hacen la primera cura y rápidamente solicitan una ambulancia, para trasladarlo a Madrid. acompañado del doctor Pacheco, quien le asistió durante el viaje. A las seis cuarenta de la mañana llega al Sanatorio Crespo y a las siete y media le opera el doctor Segovia. La operación fue dolorosísima y muy laboriosa. La presencian dos de sus banderilleros Mella y Conde vestidos de enfermeros.


Pase por alto sentado en el estribo.

        A lo largo del día se le había practicado una transfusión de sangre del matador de toros Pepe “Bienvenida". Y por la noche el doctor Segovia emitió el siguiente parte: “En la mañana de hoy ha sido intervenido operatoriamente el diestro Ignacio Sánchez Mejías que sufre una herida por asta de toro en la cara interna, tercio superior, del muslo derecho, pasa por debajo del lecho de los vasos femorales superficiales, comprendiendo las arcadas vasculares de la femoral profunda y alcanza la piel de la región externa y superior del muslo. Debido a la extensa hemorragia y a los grandes destrozos musculares, son de temer complicaciones infectivas graves. Esta tarde le ha sido practicada una transfusión sanguínea. Temperatura, 39. pulso 110”. A las nueve cuarenta y cinco de la mañana siguiente, Ignacio Sánchez Mejías, tras una larga agonía en compañía de los suyos dejó de existir.


Ignacio Sánchez Mejías probandose un vestido en presencia de su tío "El Almendro"  y de su sastre Manfredi.

        Ignacio fue presidente del Real Betis Balompié y también fue capaz de dar una conferencia sobre tauromaquia en la Universidad de Columbia en Nueva York, jugador de polo, promotor fallido de un aeropuerto en Sevilla y presidente de la Cruz Roja, éstas fueron otras de sus múltiples actividades y mecenazgo.

           Su muerte dio lugar a que sobre su figura escribiesen magníficos versos, muchos de los componentes de aquella generación de poetas que él contribuyó a crear. Su gran amigo Federico García Lorca quiso inmortalizar este momento escribiendo emocionado por la desaparición de su gran amigo su famoso:

“Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”.-


A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana

a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida

a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y solo muerte

a las cinco de la tarde….

        La elegía de Federico a Ignacio es un auténtico e insuperable canto a la muerte en los ruedos. Hay mucha emoción en sus versos, más cariño que admiración porque García Lorca no era precisamente un gran aficionado a los toros, pero comprendió la grandeza del toreo a través de Ignacio Sánchez Mejías.

José Ignacio Sánchez Mejías.-


José Ignacio Sánchez Mejías hijo del matador de toros del mismo nombre, en una imagen de novilleros, junto a Juanito Belmonte Campoy.

          Gitano de pura cepa. Nacido en Sevilla el 9 de octubre del 1917. Hijo del gran matador de toros, Ignacio Sánchez Mejías y de Dolores Gómez Ortega, hermana de los “Gallo", Rafael, Fernando y José. Desde que ve la luz se encuentra en un ambiente taurino, culto y literario. En su decisión de hacerse torero, el joven José Ignacio, no encuentra obstáculo alguno, pues sus relaciones con todas las gentes del toro son magníficas. Dos años después de la tragedia de Manzanares, cumplidos los 19 años, forma pareja con Juan Belmonte Campoy, (hijo de el “Pasmo de Triana”), lástima que su carrera torera sufriera un parón por la Guerra Civil. Corre el calendario del 1936, por el mes de julio la vida queda interrumpida.



        En el ruedo hispano está el toro de la guerra, toro difícil de lidiar por su embestida brutal, con divisa de sangre y pólvora. Pasados los primeros momentos de la contienda incivil, José Ignacio Sánchez Mejías, logra torear festivales, novilladas, y de esta manera va haciéndose torero. Pone genio y voluntad a cuánto realiza a los bureles con plasticidad y armonía, aunque muy justito de valor, ha de dominar su miedo. Fácil y espectacular banderillero, siempre suele buscar con los palos al sesgo, citando desde el estribo de la barrera.

           Acabada la confrontación entre hermanos, continúan toreando la pareja de novilleros sin llegar a presentarse en Madrid, separándose poco después por tomar Juanito Belmonte la alternativa.


José Ignacio acompañado de un aficionado y de Belmonte Campoy.

         José Ignacio tomó la suya dos años más tarde en Sevilla, el 13 de abril de 1941. Se la dio Pepe “Bienvenida”, con Pascual Márquez de testigo y siendo los toros de don Francisco Chica. El toro del ritual tenía de nombre Tahonero. Era negro zaino y llevaba el número 33 marcado en los costillares.

         La confirma, en Madrid el 22 de mayo de 1941 de manos de Marcial Lalanda ante el diestro de San Bernardo, Pepe Luís Vázquez y los toros los pone don Alipio Pérez Tabernero. El primero de su lote y de la ceremonia atiende por el nombre de “Cucharero”, es negro y está marcado con el número 42. Ésta salida al ruedo madrileño pone en evidencia su nervioso y desigual valor, demostrando que está en el toreo, más por tradición familiar que por otro motivo. Su última corrida la torea en Madrid el 2 de mayo de 1943, en la que se lidian toros de don Francisco Chica, alternando con “Cagancho” y Paco Casado. Hecho torero a la fuerza, sin lograr superar el miedo, que vence cada día cómo puede, el tiempo ahoga en un mar de agonía su sueño de ilusiones, si las tuvo alguna vez. Retirado de los ruedos en 1944, decide dedicarse a los negocios taurinos, como medio de vida.

         En  los viajes muestra siempre prisa por llegar a punto del destino, y en el obligado alto en el camino que se hace para reponer fuerzas, habitualmente pide para comer un huevo frito.

           Tan reiterada costumbre llegó a conocimiento de toda la torería andante, y se quedó con el mote de “Huevo frito”. Cuando rompe a torear Jaime Ostos, es su apoderado. Después gestiona los destinos toreros de Victoriano Cuevas Roger, “Valencia”, Pedro Martínez “Pedrés”, Curro Romero y Antonio Chenel “Antoñete”. Apoderando a éste torero, falleció en Lima, víctima de un infarto de miocardio, el día 2 de noviembre de 1966. Su cadáver trasladado a Sevilla, recibió sepultura en el mausoleo del cementerio San Fernando, para el que Mariano Benlliure esculpió un hermoso grupo escultórico en bronce, donde reposan los restos de su tío José Gómez “Joselito” y de su padre Ignacio Sánchez Mejías.

Con el camino hecho

sin hato, ni ambiciones,

anduviste corto trecho

ahogando tus Ilusiones.

Sin vencer los miedos

estabas “convencio"

que pa’ ser torero

no vale solo, el “apellío”.

Antonio Rodríguez Salido.-

.-

Continuará…


Antonio Rodríguez Salido. –

Compositor y letrista. –

Escalera del Éxito 176.-



José Luis Cuevas

Montaje y Editor

Escalera del Éxito 254.-

jueves, 5 de septiembre de 2024






 Historia.-

Nos debíamos una charlita, Pepín Fernández y quien escribe. Hace unos años escribía de él para la revista taurina Toreros de Córdoba, y al parecer algo quedó en su tintero, cuando ahora no ha querido que se vuelva a reeditar aquel reportaje, en callejóncórdoba, alegando que deseaba rectificar alguna “cosita” y a su vez añadir otros datos que en su día no me comentó. Pepín Fernández Serrano, para que se sepa, es torero de Córdoba y vive en mi barrio desde hace muchos años, y además de vecino es amigo mío. Yo le seguí siempre…aún recuerdo aquellas tardes de estío cuando veía llegar a su puerta el coche de cuadrillas del torero de la Puebla del Río Paco Ojeda, para recoger a su joven banderillero Pepín Fernández, y desde allí hacer juntos el viaje a la localidad en la que al día siguiente hacían paseíllo.

        Las citas entre Pepín y yo las tuvimos que posponer en varias ocasiones por mor de la maldita pandemia que estamos padeciendo, y que nos tiene a todos en un hilo, y como quiera que el dichoso virus no remite sino que se presenta aún con más malignidad y virulencia, le propuse hacer uso de las redes sociales para poder realizar mejor esta especie de entrevista o reportaje.

Pepín Fernández

Una figura de Plata.



         Figuras indiscutibles entre los toreros de plata ha habido en todas las épocas. De los antiguos: “Rafaelillo “, Blanquet, Chaves Flores, Vito, González, “Almensilla”, “Tito de San Bernardo”, Paco Honrrubia, “Montuliú” y algún otro. Y, ese algún otro, bien pudiera ser el torero que hoy nos ocupa. José Fernández Serrano, cordobés, nacido en la calle Pastora número 4. Costanillero de pura cepa y bautizado en Santa Marina en cuya pila bautismal recibieron las aguas cristianas, los más grandes toreros nacidos en este barrio. Asomarse a la figura de Pepín Fernández da confianza para superar la mezquina realidad que sufre la fiesta en estos momentos difíciles de pandemia y odio a todo lo taurino. Bohemio y soñador se enfrentó al toro con la capacidad del acierto impreciso que trae un viaje sin provisiones. En cada par de banderillas ponía el corazón justo donde podía perderlo. Una dignidad torera…esencia y decencia.



        Pepín, de jovencito, como cualquier chiquillo de su edad, tuvo los normales escarceos dentro de este difícil y complicado mundo, llegando a torear numerosas novilladas sin picadores para una vez pulidos defectos, presentarse con plazas montadas en Córdoba, con éxito notable. El “costanillero” asimiló pronto el aprendizaje con valor, coraje y voluntad, sustantivos a los que habría que añadir su gran corazón y entrega. Las serias dificultades que encuentra en el camino unidas a la falta de recursos económicos, le hacen pensar…y se marcha a Madrid para curtirse en la profesión de banderillero, toreando por las provincias cercanas y pueblos de los alrededores. Adquiere experiencia suficiente hasta el punto, que el torero de Villalpando, Andrés Vázquez lo coloca en su cuadrilla con el que torea varias temporadas seguidas.


foto Ladis

        Así, con el conocimiento que da un oficio bien aprendido y tener como aval profesional ser un lidiador poderoso, sobrio y eficaz rehiletero, es pretendido por todas las figuras del escalafón, lo mismo de novilleros que de matadores de toros. En la temporada de 1990 firma con don Antonio Pérez Barquero Herrera, apoderado del entonces novillero Rafael Jiménez González “Chiquilín", un contrato de treinta y seis novilladas repartidas por igual, en plazas de primera, segunda y tercera categorías. Contrato que no se cumple, en su totalidad, al ser sueldos por corrida de toros y viendo que no llegaría a torear ese número de festejos, amistosamente llega a un acuerdo y se marcha con todo el dolor de su corazón pues la verdad es que él veía en “Chiquilín” condiciones para haber sido una figura destacada del toreo.



        Nuestro hombre, siguiendo el consejo de su buen amigo Alfonso Ordóñez, piensa que le era mucho más rentable torear con toreros del segundo grupo del escalafón, por aquello de ir suelto y torear más, que con uno del grupo especial y tenerte que ceñir solo a sus compromisos, se coloca con el torero onubense Antonio Borrero “Chamaco".

        No obstante como torero de responsabilidad y hombría posteriormente va también en las cuadrillas de José Fuentes, Antonio José Galán, Manuel Benítez “El Cordobés” (en la etapa de su reaparición en el año 1979), Miguel Márquez, Rafael de Paula, Pepe Luís Vázquez (hijo), con el que echa una temporada magnífica ganándose el respeto y el cariño de todos los miembros de esa torerísima casa.

       Pepín Fernández, orgulloso, genio y figura en el conocimiento profundo de la lidia, actúa posteriormente al lado de otro torero sevillano, Manuel Ruiz Regalo, “Manili", en un momento muy difícil para el valiente torero de Cantillana, cuajando otra excelente temporada, teniendo que apechugar con bastantes corridas de las llamadas duras.


Antonín de la Rosa, Finito de Córdoba, Pepín Fernández y David Domínguez.

Pepín con su gran amigo Rafael González (Chiquilín) al que también perteneció en su cuadrilla

         En tardes libre de fechas, como queda expuesto, acude a torear con otros matadores: “Parrita”, José Luís Galloso, Florencio Casado “El Hencho", Femín Vioque, y un largo etcétera. Significar que, de todas éstas cuadrillas, su presencia en la de Paco Ojeda, marcó el cénit de su carrera. Completamente feliz, y cuando más disfrutaba de su profesión, una lesión en su pie derecho le impide actuar con normalidad, por lo que tiene que pasar por el quirófano para ser intervenido quirúrgicamente. Pasa un tiempo, y al parecer ya recuperado, pasa a formar parte de la cuadrilla del diestro Juan Serrano “Finito de Córdoba", en su último año de novillero.



        Pero la fortuna le vuelve a ser esquiva, tiene que ponerse por segunda vez en manos de los cirujanos, para ser intervenido de la misma lesión, perdiendo de torear la corrida de la alternativa del diestro del Arrecife y algunas otras más, incorporándose de nuevo en la misma temporada, sin estar completamente restablecido. En la siguiente de 1992 la inicia a las órdenes del mismo espada, volviendo a recaer otra vez y del mismo problema. Este inesperado contratiempo le desanima y de qué manera. Consulta con los doctores y al no tener seguridad de quedar completamente apto para su profesión, decide no entrar más a quirófano. Y, así es como en un momento “durce" de su vida profesional, se ve obligado a tomar la peor de las decisiones…retirarse de la práctica activa del toreo.

- Dolorosa decisión la tuya.

          - ¡Ya lo creo! Nadie sabe lo que sufrí y el trabajo que me costó poder asimilarlo. Pero, ya no podía torear más de la manera en que me encontraba. Pegando “cojetás” por los ruedos… así era imposible poderme desenvolver como yo quería con los toros.

¿Tan mal te quedaste como para no continuar?

          Sí, de facultades perdí un sesenta por ciento. Entre las dos operaciones solo me dejaron medio pie. Por eso opté por la retirada con todo el dolor de mi corazón. La decisión de irme de los toros fue dolorosísima y muy complicada para mí y mi familia a la que tenía que atender. Cuando me coloqué con Juan Serrano Pineda, quise terminar mi carrera con él. Sin moverme de mis lares, pero no tuve suerte por la maldita lesión. Mis compañeros en especial el maestro “Finito" me animaron a continuar, pero no se puede estar ante la cara de los toros con unas zapatillas ortopédicas, y porque yo no servía tampoco para taparme. Fui lidiador y así quería continuar hasta el final, pero no pudo ser, me fue imposible.

-            En Córdoba hay muy poquitos toreros de plata que posean un historial tan brillante como el tuyo -así lo reconocen una gran mayoría de aficionados- por el contrario otra gente te tacha de polémico y conflictivo. 



¿A que es debido que te cuelguen ese “sambenito”?

-            Quizá sea porque yo nunca tuve el menor problema en decir la verdad de lo que sentía en cada momento a los toreros o a los taurinos, dentro o fuera de la plaza, de igual forma que defendía aquello que me había ganado con tanto esfuerzo.

- ¿Arrepentido de algo?

-       De nada absolutamente. Cada uno tiene que ser consecuente con sus principios y yo lo he sido. Siempre me tuve por un hombre responsable que se tomó muy en serio su profesión, e incluso con todos los matadores que he estado me aceptaron las críticas cuando se equivocaban, porque sabían que era muy honrado con ellos y que me jugaba siempre la vida con los toros, para que la lidia les resultará lo más fácil posible y les pudieran cortar las orejas.


Paco Ojeda, Martin Recio, Pepin Fernández y Pedrín Sevillano.

¿También con Paco Ojeda?

-             Paco Ojeda era un hombre con fuerte carácter pero no llegamos a tener que discutir nunca, porque creo que sentía por mí el mismo respeto que yo por él, con el agravante, de que encima le admiraba por lo buen torero que era. Paco llegó a tenerme desde el primer instante mucha confianza… ¡Mira! te voy a contar una anécdota para que veas hasta donde llegaba a confiar en mí. Cuando Ojeda me llamo para torear con él, fue al inicio de su segunda etapa como matador de toros. Las últimas corridas de esa misma temporada las acabo con mucha fuerza, tal fue así que le llovieron las ofertas de apoderamiento. Haciendo uso de la confianza que me tenía, me pidió consejo acerca de quién -a mi parecer- era el mejor para llevar su carrera. Aquella temporada a pesar de cerrarla en triunfo no le dio dinero suficiente como para poder terminar una casa que se estaba construyendo. A Paco Ojeda la recomendé lo llevará José Luís Marca, porque este quería “cogerle” en exclusiva dándole unos dineros en el momento de la firma, y el resto a la finalización del contrato. Paco me lo agradeció, firmó la exclusiva, terminó su casa, y se cumplió lo que le dije: “antes de que finalice el contrato te va a pedir apoderarte”, y así fue.


Pepín le Hace un quite a Paco Ojeda

- ¿Qué pasó para no continuar con él?

-           Cosas que nos pasan a algunos toreros cuando alguien intenta pisotear tus derechos. El torero pasó al grupo especial de matadores de toros, y había quien quería que los subalternos cobrásemos honorarios del grupo B a lo que me negué rotundamente. Así que al finalizar aquella temporada cogí el hato y me marché.


El Cordobés y Pepín Fernández una foto cariñosa prueba del cariño que les une<

- ¿Con cuales toreros te sentiste más a gusto?

-           Con Manuel Benítez “El Cordobés" llegué a sentirme torero. Fue una de mis grandes satisfacciones cuando me coloqué con él. Recuerdo que ese día fue el más feliz de mi vida y que estará enmarcado para siempre en mi corazón. Para mí “el Benítez” ha sido el torero más importante, con más tirón, con más fuerza y personalidad de todos los ha habido.




             Es muy difícil que salga otro que mande en el toreo de la forma que lo hizo él. Creo que Córdoba no se ha dado cuenta todavía de la importancia que este hombre tuvo en el toreo a nivel mundial… Otra gran satisfacción fue ver de cerca el nuevo resurgir de Paco Ojeda, cuando nadie daba un duro por él. Hubo un momento que parecía que podía coger la fuerza del Benítez pero resultó imposible. Ojeda era un hombre de cuarenta corridas. Pasando de ahí se desfondaba.


Pepín Garrido, Triviño, Paquito Ruiz, El Cordobés, Pepín Fernández Goyesca Ronda.
Foto Framar

- ¿Que recuerdo te quedó de “Manili"?

-          ¡Buenísimo! También. Con él tuve la suerte de torear aquella célebre tarde de los Miuras en Madrid, qué fue la que lo puso en figura del toreo. Fueron dos temporadas muy duras pero muy bonitas. Tampoco quisiera olvidarme de dos toreros muy importantes para mí: Rafael de Paula y Pepe Luís Vázquez, con los que me sentí además de a gusto muy torero, y con los que viví momentos mágicos.



T         ambién fui muy feliz con esos otros toreros más modestos que tienen menos oficio y técnica, por la falta de práctica, y que por desgracia tienen que “apencar" con corridas mucho más duras. Con ellos también disfruté, aunque tuviera -las mayorías de las veces- que pararle los toros de salida, llevarlos al caballo y enseñarles a embestir… si tenían la condición de hacerlo. Éstos hombres eran los que verdaderamente te agradecían y reconocían tu labor. Ahí sí que no existía “conflictividad” con nadie, porque el único conflictivo era el toro.

- ¿Porqué crees tú que ahora los subalternos intervienen tan poco con el capote durante la lidia?

-           Eso verdad lo que dices. Hoy la mayoría de las veces no los ves nada más que en la suerte de banderillas. Antes salían un porcentaje bastante elevado de toros que se emplazaban en los medios o en chiqueros, y sin que nadie te dijeran nada tenías que resolver tú la “papeleta” e ir a por ellos y correrlos. Ahora sin embargo esas situaciones se dan menos y en cualquier caso vemos que es el matador quien las realiza la mayoría de las veces.



¿También puede que sea producto de su escasa preparación dada la juventud de muchos de ellos?

-          Que no te quepa la menor duda. Ahora salen de las escuelas taurinas en las que han cogido la “triquiñuela” banderilleando en el carro y… ¡Hala! a torear corridas de toros. Antes para colocarte con un torero lo primero que te exigían era que tuvieras “oficio”. El sindicato no te daba el carnet profesional si anteriormente no habías hecho el aprendizaje ahora le dan el carnet de banderillero o de picador a cualquiera. También es debido a que el toro de ahora tiene menos raza se mueve bastante menos, aunque sea más grande y tenga más pitones que los de mis tiempos pero, eso sí, con mucha menos fiereza, que es lo que de verdad nos asusta a los toreros.


Foto Ladis

Tú con que te encontrabas mejor ¿con el capote o con las banderillas?

-           No cabe duda que colocar un buen par de banderillas tiene un gran mérito y es muy bonito. Yo he llegado a dominar la suerte perfectamente y por los dos pitones, cosa que no pueden decirte todos. En casi todas las plazas importantes me desmontaré, pero ¡escucha una cosa! con lo que siempre me he encontrado más a gusto ha sido con el capote. Lidiar bien a un toro es mucho más reconocido y agradecido por tu matador, por los profesionales y por los buenos aficionados. Yo puedo presumir de haber sido uno de los mejores capoteros de mi época.

Dicen que, ¿el mejor capotazo es el no se da?.

-      Ese caso podría darse ante un toro…llamémosle bobalicón, suave, sin fuerza…un torito de los que hoy se crían para las figuras. Pero ante el toro que “arrea”, que tiene transmisión y fiereza como el de mi tiempo…a ese que se le pegaba tres puyazos y tres quites, con ese había que emplearse de manera seria y responsable con el capote. Ese toro que de salida se emplazaba en la puerta de toriles, o se te paraba en los medios…había que ir a por él como un perro. Hoy no ves a ningún banderillero parar un toro, porque todos en general de salida se estrellan en los burladeros.

¿Como es el capotazo bueno?

-         El bueno, bueno y eficaz, es aquel que le echas el capote a la cara y sin que te lo enganche y templándolo mucho, llevarlo hasta el final, si es que toro tiene condición.

-        Todos los profesionales del toro han tenido un espejo donde mirarse. 

¿En cual te has mirado tú?

-           Yo en el sevillano Antonio Chaves Flores. Solo te diré una cosa y abrevio. Ver a ese torero con la capa, y en banderillas lo cumplidor que era… ¡Lo que hacían antes los buenos toreros!, y ver su colocación siempre perfecta, dar los capotazos necesarios cuando había que darlos, y taparse en su momento… ¡se me caía la baba!. Yo coincidí en bastantes corridas con él, además era muy buena gente. Decía que el día que tuviera que pedirle corridas a alguien, se quitaba del toreo.

Pepín, ¿Cuantas veces tuviste que coger el olivo?

-          Yo intentaba saltar la barrera lo menos posible, pero saltar por saltar para que te vieran lo ágil que estabas no, porque ya de novillero me produje una lesión grave, (fractura de escafoides en ambas muñecas), y yo hacía las cosas como había que hacerlas y si en algún momento me veía apurado, me valía de mis piernas. Otra y mucho más grave fue la que me quitó del toro, porque fue así como me fastidié el pie derecho, toreando con “Finito", en la plaza de Jerez de la Frontera su última novillada, al salir comprometido en un par de banderillas.

Los buenos profesionales ¿se entienden con la mirada?

- Solo con el rabillo del ojo sabías lo que te pedía el compañero. Yo he tenido excelentes profesionales siempre a mi lado. Responsabilidad y conocimiento de la lidia es lo principal que hay que tener para ayudar al matador a cortar las orejas.

Una última pregunta y acabamos.

¿Qué opinión tienes de lo que está pasando con la Fiesta de los toros, en estos momentos.

-            El daño que se le está haciendo a la Fiesta es inmenso, irreparable. Sobre todo para aquellas familias que viven del toro y que sabe Dios cuando va a

            volver a ganar un sueldo. La cantidad de suspensiones que ha habido este año y las consecuentes pérdidas económicas para estos hombres, y con lo doloroso que es ver la cantidad de animales de sangre brava desfilar camino del matadero…con lo que cuesta criar un toro. ¡Pobres ganaderos!

            A ver si acaba ya esta incertidumbre en la que vivimos desde hace más de un año, por culpa de la maldita crisis del coronavirus y las zancadillas de algunos políticos de turno, y vemos como despega de una vez la fiesta de los toros camino de esa ansiada “normalidad”.

            Desde luego las CCAA tienen en su mano la posibilidad de permitir los festejos, dependiendo, claro está, de la situación sanitaria. Veremos que pasa, aunque creo que es una auténtica incógnita y más cuando ya estamos metidos en el mes de marzo.

- Alguna cosa más?

-         Pues sí. Quiero darte las gracias a tí, en primer lugar, por tu paciencia para conmigo. Porque no es fácil ni para mí, ni para nadie, hacer una entrevista por WhatsApp con lo poco que a mí me agrada expresarme a través de la escritura. Y como no, también agradecer al editor de callejóncórdoba José Luís Cuevas Flores, su extraordinario trabajo en todos los artículos que publica.

- Gracias Pepín.

- A tí siempre amigo Antonio.

        Éste es mi amigo José Fernández Serrano, un banderillero de lujo, por su quehacer, por sus formas, por su torería, por su calidad artística en todos los órdenes. El que en su recortada figura escondía un torero poderoso y seguro, siempre bien colocado, exacto y medido; eficaz en la plaza, y haciendo las cosas con la profesionalidad que requiere ser un número uno en lo suyo, y siempre en defensa de los intereses de su matador.

           Hoy en el Coso de los Califas y en tarde de toros, ocupa silla en el palco presidencial a la izquierda del presidente… se lo tenía ganado.



Antonio Rodríguez Salido. –

Compositor y letrista. –

Escalera del Éxito 176.-







José Luis Cuevas

Musico Pintor Y fotógrafo

Montaje y Editor

Escalera  del Éxito 254


Fotos de Pepín Fernández







Matías Prats y Pepín Fernández

Mozo espada de  Andrés Vázquez y hombre confianza de siempre Tito, García Montes Lali, Andrés Vázquez Pepín Fernández y Vallito.

Pepín Fernández, José María Manzanares, José María Montilla y el cuarto  no recuerdo el nombre

José María Montilla y Pepín Fernández,

El Pireo, Paco Asencio, pepino Fernández, El Medias y Zorito.
En Belméz.

Manolo Bejarano, Manolo Rodríguez Moyano y Pepín Fernández

Pepín en el callejón de los Califas

Carmen Sevilla, Y Pepín Fernández.


Paco Ojeda y Pepín Fernández.

Manolillo de Valencia y Pepín Fernández.
Vuelta al ruedo en banderilla en Córdoba festival de las Angustias.

Pepín Fernández, Piedrín Sevilla, Utrerita "sobresaliente". Antonio codesera, Capea, El Brujo,   Salvador Mate, Curro de la Rival. Despedida del Capea en Madrid con 6 de Victorino Martin.

 Pepín Fernández y Paco Ojeda 

Antonio Cobos, Pepín Garrido, Pepín Fernández, y Trivillo
GOYESCA RONDA Manolo Vásquez, El Cordobés, y Manzanares.

Antonio Cobos, Pepín Garrido, Pepín Fernández, y Trivillo
GOLLESCA RONDA Manolo Vásquez, El Cordobés, y Manzanares.

Goyesca en Pozoblanco con Currillo.
Paco Sánchez Saco, m. Saco Córdoba Pepín Fernández y Angelín. 
FOTO R.PEDROCHE

El Gasolina, Alfonso Galán, Pepín Fernández, y el Rubio de Sevilla.
Goyesca en Benalmádena.



Manolo Triana, el Zorro de Toledo, Pepín Fernández, el PIPO !un genio! Y José Fuentes, Orduña.

Lucero Tena Corral de la Morería Madrid.

Feliz García, Pepe Luis días, José Fuentes, y Pepín Fernández.
Granada.



Fosforito, y Pepín Fernández.

Estrellita Castro. y Pepín Fernández